20 enero 2014

Se fue un grande


Por Gonzalo Tello (Ópera Perú)



Se fue un grande

¿Una pérdida irreparable? Sí. ¿Un gran legado? Por supuesto.

Claudio Abbado. Su partida será una muy recordada ya que el gran director italiano fue uno de los mejores que se recuerde en el siglo XX y el actual. Fue una figura incansable que no sólo destacó interpretando obras con un finísimo cuidado y muy buen gusto, además fue un incansable promotor cultural que creó el mismo proyectos musicales con los cuales estaba muy comprometido. Orquestas, ensembles y grupos. Trabajó durante más de medio siglo, y solo muy poco antes de morir seguía dirigiendo conciertos y en diversas actividades.

Su nombre quedará en el Olimpo de otros grandes como Karajan (a quién sustituyó frente a la Berliner Philharmoniker ante su muerte), Toscanini, Furtwängler, Solti, entre otros.

Abbado fue un especialista que no dejó de trabajar tanto repertorio clásico como contemporáneo. Sus decenas (por no decir centenas) de grabaciones de estudio así lo comprueban.

Como me comentaba esta tarde el especialista chileno Hugo Valdivia, Abbado, después de Toscanini, fue el primer director italiano que se convirtió en un referente wagneriano. Es ya una leyenda su versión de “Lohengrin” en Viena en 1980.

Al haber estado al frente de Casas de ópera tan célebres como La Scala, Viena, Festival de Salzburgo y haber dirigido grandes orquestas como la Filarmónica de Berlín, Abbado se permitió rescatar obras clásicas y estrenar nuevas obras cada año.

Cuando conoció el Sistema venezolano de orquestas fundado por Antonio Abreu, se volvió uno de sus promotores más importantes a nivel mundial. Tuvo una relación estrecha con su director más importante, Gustavo Dudamel. Tal fue la influencia de Abbado en este que su técnica de dirección es exactamente igual. Basta ver video de Dudamel dirigiendo para darse cuenta de que es el mismo estilo.

Abbado tiene versiones referenciales tanto de óperas como de música instrumental. Por citar algunas de mis favoritas puedo decir que fue un campeón en el repertorio de Mahler (la grabación de la sinfonía no.3 con Jessye Nornan es un sueño). Además, a su avanzada edad, nunca dejó el dinamismo y el reformular las lecturas de muchas obras. Basta escuchar su versión de 2001 de “La flauta mágica” de Mozart, y “Fidelio” de Beethoven con Kaufmann y Stemme para darnos cuenta de la energía y el poder de renovación de este artista.

En resumen, Claudio Abbado es más que un buen director de orquesta, es un promotor cultural incansable, gran amigo y colega para los que lo conocieron y tuvieron la dicha de trabajar con el, inspirado y muy entregado a su arte. Por eso dejará un vacío como pocos grandes artistas han dejado y por suerte ha dejado un legado enorme e impresionante.