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25 septiembre 2012

Oscura obra, luminosa interpretación: Maria Foust en el concierto para violin de Schumann


Por Jorge Smith*, para Ópera Perú

El reencuentro del maestro David del Pino Klinge con la Orquesta Sinfonica Nacional nos trae siempre gratas sorpresas y esta vez no ha sido la excepción. De una amplia trayectoria en Chile y también como director de la Orquesta Nacional de Georgia por muchos años, ha sido muy acertado que escoja dirigir la obra "Cuadros de una Exposición" de Modest Mussorgsky, obra emblemática del repertorio ruso, que el domina en todos sus detalles y de la cual nos ha brindado una excelente interpretación. Esta obra también, junto con la ópera "Boris Godunow", es sin duda la más representativa del repertorio del compositor y fue inspirada en una exposición de dibujos del arquitecto Hartmann, quien hasta su muerte fue su íntimo amigo.

La obra es riquísima en toda su gama de matices y variaciones ritmicas, a lo largo de sus 10 cuadros musicales. El riesgo en la música de programa, es que siempre tratamos de asociar imágenes sugeridas por el programa con ritmos o melodías, olvidando que la música es, entre todas las artes, la mas abstracta. En todo aquello que sugiere un paseo, como lo es en varios de los 10 cuadros la ilustración es muy bien lograda pues la sugestión rítmica es precisa y sostenida. El talento de ese genial autodidacta que fue Mussorgsky hace que sus obras por muy programáticas que pretendan ser, de todas maneras siempre se sostengan como música en si mismas. No se puede forzar al oyente a asociar tal melodía o ritmo con tal imagen, pero al margen de la coincidencia o no, el resultado siempre es interesante. Cuando se busca en este compositor precisar algo a través del ritmo, este debe ser muy enfático. pues allí logra el ruso una gran expresividad y mas bien cuando no hay un énfasis rítmico, lo cual denota una indecisión en lo que el quiere expresar, la música deja de suscitar mucho interés. Hay una riqueza inagotable en esta partitura de Mussorgsky, y a comienzos del siglo siguiente, el aleman Richard Strauss va a llevar a su cúspide en sus Poemas Sinfónicos la musica en base a un programa.

La Orquesta Sinfónica Nacional, que ya ha tocado la obra varias veces estos últimos años, ejecutó con bastante solvencia los pasajes mas difíciles, cometiendo mas bien algunos instrumentos algunos errores en su intervención, los cuales se supone ya no deberían cometerse. De lo que no queda duda, es que el maestro  David del Pino por su gran familiaridad con la música rusa debería ser el director invitado ideal para alguna integral de obras, como  las sinfonías de Shostakovich , que hace buen rato espera Lima.
La primera parte del concierto, fue aquella que nos dió la impresión mas grata, pues tuvimos la presencia en el violín a la maestra rusa María Foust, quien es la actual concertino de la Orquesta Sinfónica Nacional y que estuvo a cargo de la ejecución del hermoso concierto para violin de Robert Schumann, obra por otro lado muy poco interpretada. Por  diversas y oscuras razones este concierto fue encarpetado en la Biblioteca Estatal de Berlín hasta que fue sacada a la luz a fines de los años 30, estrenándose por dos de los mas grandes violinistas de esos años como lo fueron, el germano Georg Kullenkampff en Berlín y luego el judío-norteamericano Yehudi Menuhin en Nueva York.

El concierto fue la ultima gran obra completa compuesta por Schumann antes de que este sucumbiese a la locura. La compuso en una veintena de días entre el 11 de Setiembre de 1853 y el 3 de Octubre del mismo año. Dos días antes de terminarlo incluso Schumann conoció a Brahms, un impetuoso joven de solo 20 años, sobre el cual escribió al dia siguiente de conocerlo en su diario, "He conocido a Brahms. Un genio." premonitoria y exacta intuición. Es curioso pero todo indica que fue por una decisión mancomunada de Clara Schumann, la esposa de Robert, de Hans Joachim, a quien estaba dedicado este concierto y con opinión en el mismo sentido de Brahms, que se decidió por no difundir dicha obra e incluso no incluirla en la edición de las obras completas de Schumann que hizo Joachim, pues consideraban que la obra no tenia los estándares de las otras obras del compositor, y también agregando el criterio bastante subjetivo y arbitrario de que en la obra ya se reflejaban los elementos mórbidos, que presagiaban el desequilibrio mental del compositor, y que lo llevó a la muerte.

Desde el inicio se notó que la interpretación por el lado de la orquesta Sinfónica Nacional no iba a tener el carácter algo pomposo y de una gravedad bien alemana como el que habia querido imponerle la interpretación de Georg Kullenkampff con la Filarmónica de Berlín cuando estrenaron la obra, en 1937 y de la cual hay una grabación. Del Pino le impregnó al acompañamiento orquestal de la Sinfonica Nacional una gran fluidez al darle un tempo algo mas rápido diferente al cual nos tienen acostumbrados las interpretaciones germanas.

Maria Foust, al inicio un poco nerviosa, poco a poco se fue apropiando de la obra, exteriorizando todos los ricos matices que hay en el primer movimiento. El tempo del primer movimiento, "In kraftigen, nicht zu schnellen", fue respetado a todo lo largo del hermoso primer movimiento. Para eso la experiencia de tres años en el sitial de concertino de la Sinfónica ha sido muy útil para Maria. Conoce al dedillo como funciona su orquesta y ser acompañada por sus colegas es como acompañarse a si misma. Conoce también, cuando tienden a acelerar o modificar la ritmica, por lo que, ayudada por el maestro del Pino, el acompañamiento ha sido de una coordinación perfecta. Atinadamente Maria ha preferido tener la partitura al frente de ella mientras hacia de solista y no porque ella desconozca la partitura de memoria, sino que en Schumann, como en ningun otro compositor clásico, las repeticiones ritmicas tan constantes y los diversos exabruptos que a veces rompen las leyes de la armonía clásica en Schumann pueden inducir a un error involuntario, pero error al fin y al cabo. Ya en el transcurso del primer movimiento Maria había sobrepasado con total solvencia las irregularidades formales de la obra, que en ningun momento le quita lo sublime a la obra que nos captura desde las notas iniciales. Es un movimiento donde lo interior e introspectivo brota en forma generosa y al mismo tiempo desesperada en Schumann. Es la lucha de un hombre que esta al borde de la locura, y por lo mismo, un testamento espiritual único de alguien que dos meses después va a entrar al manicomio para no salir más.

La violinista, en los momentos que intervenía sola, dialogaba con los tutti o tocaba al unisono con la orquesta, estuvo siempre precisa. Por momentos su aproximación nos daba la impresión de que iba a ser un acercamiento, algo frío e intelectual y hasta mecánico de la obra, pero en todo momento veíamos a la solista hasta experimentar una gran satisfacción de como estaba transcurriendo es interpretación y eso se refleja con total evidencia. No hay en esta obra la limpieza clásica del concierto para violin de Beethoven, la simplicidad a veces ingenua y angelical del de Mendelsohnn. Tampoco hay la energía por momentos desenfrenada del concierto de Tchaikovsky o el dramatismo claro pero controlado del concierto para violin que despues compondra Brahms, para el mismo Joachim a quien Schumann dedicó su concierto. Nada de eso. En este es la póstuma inspiracion schumaniana vertida en la partitura, plasmada una súplica dolorosa pero vigorosa a la vez. Por eso la mejor forma de interpretar este movimiento es tocarlo sin agregar mas de lo que ya hay en exceso en la partitura misma. Maria no ha metido mas leña adonde ya hay bastante fuego y con ese proceder ha salido airosa del encargo.

El segundo movimiento, "Langsam", nos ha mostrado el gran oficio que ya ha sido alcanzado por la maestra Foust en el arte del violín. La compleja trama del movimiento fue vertido, prácticamente deletreado y emitido con total claridad. Evidentemente al preparar el concierto ha procesado con su fina sensibilidad todos los detalles de este movimiento. El Schumann mas intenso, aquel de los lieder o de las obras de música de cámara, vuelve en este movimiento pero en una atmosfera mas sombria. Maria en todo momento ha estado en control de la situación, ya totalmente segura de como tenia que interpretar la obra y precisamente este movimiento, pues no se trata simplemente de leer la partitura sin cometer errores. Por momentos tuve la impresión que habia un desequilibrio sonoro entre la solista y la orquesta, sobre todo en relación a las cuerdas, pero no era el caso. El movimiento en toda evidencia era lento, pero con el agregado de que Schumann le da a este movimiento una densidad como en pocas de sus obras.

El último movimiento es de una dificultad desconcertante, pero del tipo de dificultades que por exigir un extraordinario virtuosismo no enriquecen necesariamente una obra, sino pueden tornarla hasta confusa. Ya el concierto en su totalidad es irregular, pero el tercer movimiento en sí mismo, lo es bastante en su forma y en su desarrollo. El movimiento es de una exigencia extrema para el solista, tanto en los requerimientos sobre la sonoridad, la técnica y también sobre la interpretación misma. Bien hizo la violinista en pasar directamente del segundo al tercer movimiento  "Lebhaft, doch nicht schnell" (con impetu, pero sin apuro) sin pausa alguna, que es la forma en que se debe proceder. En este movimiento, sí se refleja la carencia progresiva de estabilidad emocional que ya invadía a Schumann. Hay increíbles irregularidades en la música misma, como lo son ritmos que se repiten obsesivamente, luego hay también transiciones abruptas y el uso de lo que podríamos llamar un uso heterodoxo de las leyes de la armonía. La obra fluye pero lo hace en un sentido incontrolado, que no sabemos adonde quiere llevarnos el compositor. La maestra Foust, frente a las díficultades de este movimiento, optó por una lectura bastante inteligente evitando cualquier riesgo inútil, para coronar una faena que en sus dos primeros tercios estaba, por así decirlo, bien avanzada. Decimos  que Maria  optó por no tomar riesgo alguno, pues incluso por instantes nos dió la impresión que habia una pequeña modificación del tempo, para permitirse  vertir con mayor precisión los acordes, de la trepidante y obsesiva melodía de este rondó final, que nos recordaba el 'rondo alla polaca' del Triple Concierto de Beethoven. En buena hora que asi procedió, dándonos al final una extraordinariamente equilibrada interpretación de este concierto.

Un concierto que en sus tres movimientos representa dificultades diversas en la interpretación y al margen de eso la evidente lucha que siempre existe en el arte, sobre todo en la música romántica, entre contenido y forma, lucha que en el caso de Schumann, lo llevó a la locura. El genio habia sido un hombre en los primreros años su juventud a perderse proclive a perderse en los abandonos imaginarios, lo cual era secundado por su sensibilidad exacerbada. Sin duda su música es la expresion mas pura del espiritu romántico. Un cerebro soberbiamente organizado como el de Schumann, como lo demuestran sus escritos teóricos y de crítica musical, pero al mismo tiempo una inspiración desbordada, que el mismo tenía temor que lo llevase al desequilibrio mental, el cual  ya había acosado a su padre y que también llevó a la demencia a su hermana. Por eso el mismo, terminó después de 1840, en sus composiciones por tomar distancia hacia esos abandonos a los cuales le llevaba su inspiración y tratar de darle a sus obras cánones formales mejor estructurados y mas clásicos, pero aquel año de 1853 y específicamente en esta obra nuevamente vuelven esa libertad de la forma pero en un sentido algo caótico, pero la divina inspiración con altibajos esta allí y nada justifica el largo letargo que tuvo que sufrir esta bella obra, a la cual la hermosa y equilibrada interpretación de la maestra Maria Foust le ha hecho justicia, espléndidamente acompañada por la Sinfónica Nacional dirigida por David del Pino Klinge.




(*) El doctor Jorge Smith es psicólogo graduado de la Universidad de París y actualmente es director del Centro Cultural de la Universidad Peruana de Arte ORVAL. Ha sido catedrático en la Maestría de la Universidad San Martín de Porres, ha trabajado con el Instituto Libertad y Democracia y con el Fondo de Naciones Unidas para el Desarrollo PNUD. Ha publicado diversos ensayos y artículos sobre temas relacionados a la psicología y el arte.

20 septiembre 2012

Orquesta Sinfónica Nacional termina temporada de invierno con Schumann y Mussorgsky

Maria Foust, concertino de la OSN, interpretará el concierto para violín y piano de Schumann

(Difusión Elencos Nacionales) La Orquesta Sinfónica Nacional cerrará su Temporada Internacional de Invierno 2012 este viernes 21 de setiembre a las 20.00 hrs., con la presentación de la solista de nacionalidad rusa y actual concertino de la OSN, la maestra violinista María Foust.
El espectáculo se iniciará con Concierto para violín y orquesta en re menor del compositor alemán Robert Schumann, pieza compuesta en el otoño de 1853 pero que no fue estrenada sino hasta noviembre de 1937 por Georg Kulenkampf con la Filarmónica de Berlín.
En la segunda parte del programa se interpretará Los Cuadros de una Exposición, una famosa suite de 15 piezas compuesta en 1874 por el ruso Modest Mussorgsky. Aunque el autor escribió la obra para piano, el compositor francés Maurice Ravel la hizo quizás más conocida al adaptarla en forma de orquestación y arreglo.
María Foust, la solista invitada a esta gala, ha pertenecido a reconocidas orquestas en Rusia como las de Ekaterimburgo, San Petersburgo y Petrozavodska. En el Perú, es profesora de violín en el Conservatorio Nacional de Música, donde enseña a niños y jóvenes en forma individual y grupal. Desde el 2009, es Concertino de la Orquesta Sinfónica Nacional, con la cual acompañó a destacados artistas de talla mundial como Placido Domingo.
En esta oportunidad será dirigida por el maestro David del Pino, uno de los más destacados representantes de la Dirección de Orquesta en Latinoamérica. Del Pino inició sus estudios en el Conservatorio Nacional de Música desde temprana edad, debutando como director a los 17 años. Fue el primer director titular extranjero en conducir a la Orquesta Nacional de Georgia, Tbilisi; y actualmente está a cargo del Curso de Dirección Orquestal que patrocina la Orquesta Sinfónica de Chile.
La cita es este viernes 21 de setiembre a las 20.00 hrs. en el Gran Teatro Nacional (Av. Javier Prado Este, cuadra 24 s/n San Borja) Adquiera sus entradas desde veinte nuevos soles en los módulos de Teleticket de tiendas Wong y Metro, y en la boletería del Gran Teatro Nacional, de martes a sábado de 14.00 a 21.00 hrs. Se aplica 50% de descuento para niños, estudiantes universitarios, jubilados y CONADIS. Para ventas a empresas y abonos llamar al 715-3663.