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31 agosto 2012

El Festival de Bayreuth llega en septiembre al Liceu de Barcelona



Se trata de una de las contadísimas ocasiones en las que el Festival abandona el teatro bávaro situada en la Colina Verde para actuar en otra ubicación. La última vez fue en 2008, con ocasión del primer festival Abu Dhabi Classics, en Dubai, capital de los Emiratos Árabes Unidos.

Barcelona puede presumir, además, de ser la única ciudad que ha acogido el Festival de gira en dos ocasiones, ya que en 1955, de la mano de Wolfgang y Wieland Wagner, se pudo asistir a las representaciones de Parsifal, Tristán e Isolda y La Walkyria, interpretadas por auténticas leyendas del canto wagneriano como Josef Greindl, Hans Hotter, Martha Mödl, Gustav Neidlinger, Gerhard Stolze, Herman Uhde o Wolfgang Windgassen.

El acuerdo entre el Festival y el Liceu se produjo en el otoño de 2010. Entonces las direcciones de ambos teatros acordaron que este mes la Orquesta y Coro del Festival de Bayreuth se trasladaran hasta Barcelona para interpretar tres títulos en versión concierto: El holandés errante y Lohengrin (ambas en dos ocasiones) junto a Tristán e Isolda (en una única representación).

La histórica cita tendrá lugar entre los días 1 y 6 de septiembre de 2012, y contará con la dirección orquestal de Sebastian Weigle y Peter Schneider, junto a cantantes de la talla de Franz Josef-Selig, Ricarda Merbeth, Klaus Florian Vogt, Annette Dasch, Robert Dean Smith o Iréne Theorin. Junto a ellos, 100 músicos y 110 cantantes más acudirán a Barcelona apenas unos días después de la representación de esas mismas óperas en el marco del Festival de Bayreuth.
Con este evento se pone punto inicial de forma oficiosa al año Wagner, que durante 2013 honrará la memoria del músico alemán en el segundo centenario de su nacimiento.

Información de Wagnermania.com 

26 julio 2012

Un "Holandés" terrenal abrió Bayreuth 2012

Foto: Bayreuther Festspiele

Bayreuth (Alemania), 25 jul (EFE).- Un "Holandés errante" muy de este mundo abrió hoy el Festival de Ópera de Bayreuth (Baviera), con la canciller Angela Merkel encabezando la peregrinación de devotos de Richard Wagner a la cita más imperdible del cosmos wagneriano.
El mito del holandés en busca de la mujer dispuesta a morir para redimirle del calvario de la vida errante se plasmó en un hombre de negocios, de hotel en hotel, con la maleta rodante a cuestas, entre luces de neón, cajas de cartón y la precariedad de los tiempos que corren.
El director musical Christian Thielemann revalidó su título de héroe de la casa, como viene siéndolo desde hace temporadas, mientras que el debutante Samuel Youn se ganó el corazón no siempre fácil de Bayreuth, como protagonista "last minute", en perfecto dúo con Adrianne Pieczonka.
El director escénico, Jan Philipp Gloger, escuchó abucheos -fueron muchos los deslices, incluida alguna sonora caída de elementos del escenario-, pero era lo menos que podía ocurrirle a este "Holandés" estrenado en situación de emergencia.
Gloger había apostado por la ausencia de efectismos y una modestia rayana en la tacañería, a lo que se sumó el escándalo de última hora en torno al bajo barítono previsto para el "holandés", el ruso Yevgueni Nikitin, apeado del programa por una inoportuna cruz gamada en el pecho.
Todo un problema, en un festival por el que señoreó Adolf Hitler y al que siempre acaba asomándole el pasado. O una bendición, en formato polémica, en una temporada que se presentaba sin brillo.
A Nikitin hubo que buscarle un sustituto a cuatro días del estreno, por mucho que la cruz gamada originaria de sus tiempos de batería "heavy metal" ya no está entre los tatuajes que le cubren de pies a cabeza porque encima se estampó otro símbolo posterior.
Fue la oportunidad para Youn, que escaló a protagonista y supo suplir su escasa presencia escénica con buena voz.
La cuestión del tatuaje del ruso entretuvo los corrillos de bayreuthianos, divididos entre si tal "pecado de juventud" de Nikitin era o no motivo de exclusión.
"No sé por qué se empeñan en colocarnos tipos raros interpretando a Wagner", opinaba Martha Wendling, sobre los 70 años, incondicional de Bayreuth y en realidad más divertida que horrorizada con el caso.
"Una cruz gamada es una cruz gamada. Nadie en sus cabales se tatúa algo así", apuntaba su nieto, Martin, de 19 años, mientras la generación intermedia -su tío, Thomas- lamentaba haberse quedado sin "el gran Nikitin" por "esa ridiculez".
Bayreuth tuvo su polémica, el "segundón" Youn la oportunidad de su vida y los vecinos de Bayreuth la ocasión de todos los años de ver el desfile de famosos sobre la Verde Colina donde Wagner mandó construir el teatro ideal para sus óperas.
Ahí estaba, como todos los años desde sus tiempos en la oposición, Angela Merkel, de azul turquesa, sonriendo feliz bajo los aplausos y firmando autógrafos, junto a su marido, Joachim Sauer. La acompañaba un buen destacamento de ministros, como si esa misma noche tuvieran que resolver en Bayreuth algún desplome.
No hay crisis capaz de impedirle la visita. Si la canciller no faltó en la apertura de Bayreuth de 2010, al día siguiente de la tragedia de la Loveparade -21 jóvenes muertos atrapados en un túnel y Alemania hundida en la conmoción-, tampoco la iba a retener ahora una zona euro permanentemente al borde del precipicio.
Bayrueth concentra cada año a políticos de toda ideología, incluidos verdes e izquierdistas, además de la plana mayor de la política bávara, mezclada con rostros de la farándula alemana.
Esta ciudad de provincias bávara estrenó su primer festival en 1876 y 101 ediciones después reproduce el esquema original -sólo se interpreta a Wagner y su temporada se reduce a cinco semanas al año, de julio a agosto-. Lo que otro lugar del mundo sería anquilosamiento es, en Bayreuth, culto a lo imperecedero.
La presente edición es de programa modesto -junto al estreno al "Holandés" se presentan las reposiciones de "Tristán e Isolda", "Lohengrin", "Tannhäuser" y "Parsifal"-, a la espera del nuevo "Anillo del Nibelungo", el próximo año, coincidiendo con el 200 aniversario del nacimiento del compositor (1813, en Leipzig) y el 130 de su muerte (1883, en Venecia).
Será la gran reválida para el dúo de codirectoras, las biznietas del compositor Katharina y Eva, que tras tres temporadas al frente del festival siguen sin haberse apuntado un estreno de impacto.

03 marzo 2011

Ya se conocen los repartos para el Festival de Bayreuth 2011

El barítono Detlef Roth sera Amfortas en "Parsifal" (Foto: Bayreuther Festspiele)

Como casi todas las temporadas a principios de año, el pasado mes de febrero la dirección del Festival de Bayreuth hizo oficial la lista de los repartos que darán vida a las diversas óperas que serán representadas en la edición del evento wagneriano de 2011.

Las principales novedades se encuentran, como es lógico, en la nueva producción de Tannhäuser, que se estrenará en la presente edición. En ella debutará en Bayreuth prácticamente todo su reparto: Günther Groissböck (Landgraf Herrmann), Lars Cleveman (Tannhäuser), Michael Nagy (Wolfram von Eschenbach), Lothar Odinius (Walther von der Vogelweide), Camilla Nylund (Elisabeth), Stephanie Friede (Venus) y Katja Stuber (Ein junger Hirt). Junto a ellos, los veteranos Diógenes Randes (Biterolf) y Arnold Bezuyen (Heinrich der Schreiber).

En el reparto de Los Maestros Cantores de Núremberg debuta el tenor alemán Burkhard Fritz en el papel protagonista de Walther von Stolzing en sustitución de Klaus Florian Vogt, que en la presente edición centrará sus esfuerzos canoros en Lohengrin. Burkhard Fritz, que recibió clases magistrales de Alfredo Krauss, lleva de esta manera el papel de Walther con el que debutó en 2008 en la Staatsoper Unter den Linden de la mano de Daniel Barenboim.

Lohengrin, la última nueva producción vista en Bayreuth en 2010 tiene significativos cambios en sus principales papeles. El tenor Jonas Kaufmann, la gran estrella de la pasada edición, cede su lugar al mencionado Klaus Florian Vogt, que ya en 2010 sustituyó en una de las funciones de Lohengrin a Kauffmann. Por su parte, la malvada pareja formada por Telramund y Ortrud será interpretada por el debutante Tómas Tómasson y Petra Lang, que vuelve a Bayreuth tras cinco años de ausencia, sustituyendo así a Hans-Joachim Ketelsen y Evelyn Herlitzius, respectivamente.

De nuevo Parsifal ve un cambio en el héroe epónimo. El tenor británico Christopher Ventris, que había dado vida al caballero en las tres últimas ediciones en la producción de Stefan Herheim, cede el lugar al neozelandés Simon O'Neill, que hace su debut “oficial” en Bayreuth, después de haber sustituido a Jonas Kaufmann en una de las funciones del Lohengrin de 2010.

Por último Tristan e Isolda vuelve en la producción de Christoph Marthaler estrenada en 2005 y que ostenta la curiosa marca de haber estado ausente en dos años desde su estreno, ya que ni en 2007 ni en 2010 fue representada. De todas maneras, a pesar de su ausencia en la pasada edición, el reparto se mantiene intacto con respecto a 2009, y tendrá en Robert Dean Smith (Tristan), Robert Holl (Marke) y Iréne Theorin (Isolde) a sus principales protagonistas.

Fuente: Wagnermania

25 septiembre 2010

Festival de Bayreuth visita el Liceu de Barcelona en 2012

AP/Bayreuther Festspiele, Joche Quast

Articulo publicado en la seccion cultural del diario "La Vanguardia" de Barcelona

Por M. MOLINA/M. CHAVARRÍA (Barcelona)

El topónimo Barcelona puede asociarse con muchos calificativos: olímpica, de diseño, mediterránea, poderosa, buenista, aletargada, de los prodigios, incívica, canalla y también –o así reza la tradición– wagneriana. Si alguien se preguntaba sobre la vigencia de este último atributo, saldrá de dudas cuando sepa que, en la temporada operística 2012-2013, la ciudad celebrará el bicentenario del nacimiento de Richard Wagner con un acontecimiento que constituye una rareza en el actual panorama musical. Un acuerdo reciente entre el Liceu y el Festival de Bayreuth tiene la culpa.
El convenio establece que tres de las óperas que en el verano del 2012 se representarán en la cita wagneriana de Bayreuth recalarán en septiembre en Barcelona en versión concierto. Se trata de El holandés errante, Lohengrin y Tristán e Isolda, según ha podido saber este diario de fuentes próximas a la negociación.

Apenas hay precedentes de giras de las producciones de Bayreuth fuera del Festpielhaus, el teatro que el compositor mandó construir para perpetuar la difusión de su obra. Y Barcelona puede presumir de haber protagonizado uno de esos precedentes. Fue en 1955, cuando el Liceu acogió tres óperas de Bayreuth en el llamado Festival Wagner. En aquella ocasión, fueron los hermanos Wolfgang y Wieland Wagner, nietos del compositor, quienes negociaron el acuerdo con la propiedad del Liceu, presidida entonces por José Valls Taberner. Cincuenta y cinco años después, las interlocutoras han sido dos hijas de Wolfgang: Katharina Wagner y Eva Wagner-Pasquier.

Lo había avanzado en agosto en La Vanguardia el crítico Roger Alier, desde Bayreuth. Sugería que el desembarco del festival alemán en Barcelona podría ser realidad en el 2012, como ahora se ha confirmado. Finalmente, las representaciones se ofrecerán en versión concierto –acudirán la orquesta del festival bávaro, los coros, las voces principales y los directores musicales–, ya que traer la escenografía suponía un coste inasumible. Los tres títulos se ofrecerán en un ciclo que tendrá entidad propia dentro de la programación regular, tal como ya se hizo en 1955. El teatro barcelonés logra con este acuerdo gran proyección internacional, en un momento en el que el galáctico Gérard Mortier acapara los focos como nuevo director del Teatro Real de Madrid.

La rivalidad Barcelona-Madrid, en lo operístico más mediática que real, estuvo también presente en la prensa de 1955. La Vanguardia citaba en una crónica de entonces a un periodista de la capital que tenía muy asumido que desplazarse a Barcelona para informar sobre ópera era "peregrinar a la Meca" de la música.

Pero, más allá de lo anecdótico, los paralelismos históricos son escasos. Hace 55 años, al Liceu acudió la esposa del dictador, Carmen Polo de Franco, mientras que dentro de dos años es de prever que en el palco principal se siente algún miembro de la constitucional familia real. En aquellos tiempos, con una oferta cultural limitadísima, la ciudad se volcó en el festival. Incluso los comercios del paseo de Gràcia decoraron sus escaparates con motivos wagnerianos. Ganó Loewe.

Por lógica biológica, no vendrá a Barcelona, como sí hizo entonces, el príncipe Adalberto, embajador alemán en 1955 y descendiente de Luis II de Baviera, el rey que construyó Neuschwanstein y que compartió tardes de hípica con la emperatriz Sisí.

Pero cualquier tiempo pasado no fue necesariamente mejor. A diferencia de entonces, el renovado Liceu ya no requerirá de una puesta al día tecnológica, y los elegantes pisos superiores no serán aquellos tendidos de cuya dejadez se quejaba el cronista. La capacidad del Liceu de difundir por medios telemáticos lo que sucede en el escenario de la Rambla permitirá, además, que el segundo festival wagneriano sea un hito planetario.

08 agosto 2010

Los dioses mueren en Bayreuth: articulo de Mario Vargas Llosa escrito desde Bayreuth

Articulo escrito por el escritor peruano Mario Vargas Llosa desde Bayreuth, Alemania, en ocasion de su primera visita al Festival de Richard Wagner, para ver "el Anillo del Nibelungo" en cuatro veladas. Fue publicado este domingo 8 en la editorial del diario El Comercio de Perú.



"Los dioses mueren en Bayreuth" por Mario Vargas Llosa

Domingo 8 de Agosto del 2010

Cuando Richard Wagner concibió la idea de “El anillo del nibelungo” y comenzó a trabajar en su famosa Tetralogía, era un joven insumiso y genial, contaminado de lecturas anarquistas, sobre todo Proudhon, y amigo de Bakunin, con quien compartió barricadas y distribuyó bombas de mano durante el alzamiento de Dresde de 1849. Cuando veintiséis años más tarde terminó su obra maestra —una de las más ambiciosas empresas artísticas que haya conocido la humanidad, comparable a la hechura de la Capilla Sixtina en pintura y, en literatura, a la elaboración de “La comedia humana” o “En busca del tiempo perdido”—, era un reaccionario, nacionalista y antisemita al que sus cuatro lecturas minuciosas de “El mundo como voluntad y representación”, de Schopenhauer, habían ayudado a adoptar una visión del mundo y del arte en las antípodas de la que exaltó su juventud.

Pero, pese a esa radical transformación ideológica, en el “Ring”, que se dio por primera vez completo, aquí, en Bayreuth, en 1876, en el teatro que Wagner hizo construir de acuerdo a un pormenorizado y maniático proyecto, ha prevalecido ese espíritu ácrata de sus años mozos y la lección de Ludwig Feuerbach, cuyo libro “La esencia del cristianismo” lo convenció de que no eran los dioses los que creaban a los hombres sino estos a los dioses, impregnándolos de todas sus virtudes y defectos. Entre otras muchas cosas, ese es uno de los principales designios de “El anillo”: la recusación de una trascendencia teológica, la convicción de que solo el arte da vida y vigencia a unos dioses y un más allá tan frágiles, vulnerables y confusos como los mismos seres humanos.

Asisto por primera vez a la representación integral de la Tetralogía en el curso de una semana en este Festival de Bayreuth, que tiene más de peregrinación y ceremonia religiosa que de fiesta operática. Odiado y adorado en vida, y todavía más después de muerto, Wagner es probablemente el único artista cuyo culto trasciende la pura admiración estética y ha generado una adhesión tan aguerrida e intolerante como la que las sectas esperan de sus adeptos. Esa es la impresión que dan aquí, en estas tardes plomizas y encapotadas —wagnerianas—, las damas y caballeros de este club tan exclusivo —para adquirir un abono al festival es preciso ahora esperar unos 12 años o, en caso contrario, pagar una astronómica reventa que puede llegar a tres o cuatro mil euros por entrada—, que, enfundados en trajes y vestidos de etiqueta, beben sus heladas copas de champán como quien comulga y esperan en silencio respetuoso la fanfarria que, desde el balcón que sobrevuela la puerta principal del teatro, los llame a la función. Mayores y ancianos, acomodados y conservadores, cambian saludos que parecen santo y señas. Estoicos y enfervorecidos, permanecerán inmóviles las cuatro o cinco horas que dura cada espectáculo en los rígidos asientos de madera que Wagner diseñó para que sus óperas fueran vistas y escuchadas en estado de alerta marcial y espiritual, en una postura física reñida con toda forma de abandono, descuido o complacencia. Ningún aplauso interrumpirá la función y, si algún imprecavido forastero rompe esa regla, cientos de miradas admonitorias lo vitrificarán en la oscuridad. Los aplausos vienen solo al final, generosos y repetidos, si se trata del director de la orquesta, Christian Thielemann; o de Albert Dohmen, un soberbio Wotan; o el eximio Alberich, Andrew Shore; o del joven Lance Ryan, Siegfried; y Linda Watson, la valquiria Brünnhilde, pero también los abucheos y zapateos, como los que reciben al veterano Tankred Dorst, cuyo montaje la mayoría de los espectadores descalifica con irritación a mi juicio exagerada.

Hay algo denso y funeral en este ambiente, sin dejar de ser electrizante. Pero tanta corrección y formalismo contrastan fantásticamente con el enloquecido aquelarre de que es escenario el teatro de Bayreuth cada tarde, cuando se levanta el telón, irrumpe la música y se desencadenan las pasiones, las hazañas, los crímenes que van tejiéndose en torno y a partir de ese pecado original, el robo del oro que perpetra el nibelungo Alberich a las ninfas encargadas de cuidarlo en el fondo del Rin, para adquirir poder, ese poder maldito que solo se alcanza renunciando al amor y cuyo diabólico atractivo desquiciará el Valhalla, precipitando a dioses, semidioses, gigantes, valquirias, consortes y nibelungos, en una orgía de violencia que acabará por desintegrarlos a todos en un apocalipsis ígneo.

No hay tabú que no se viole ni demasía que no se cometa en este panteón pagano de origen nórdico, que Wagner remodeló a la medida de sus íncubos y súcubos. Incesto, apostasía, filicidio, deicidio, sacrilegios, traiciones, codicias, filtros mágicos que destruyen la soberanía y la identidad de los individuos, y, llamaradas de luz en esas macabras peripecias, unas heterodoxas historias de amor, líricas como la de los mellizos Siegmund y Sieglinde, o épicas, como la de Siegfried y Brünnhilde, pero que no duran porque el entorno las corroe. Tanta ferocidad y horror serían irresistibles si la hermosura de los textos y la riqueza y originalidad de la música que modelan cada episodio con delicadeza, profundidad, elegancia, y por momentos una intensidad milagrosa, como la de la marcha fúnebre a la muerte de Siegfried, no distanciaran todo aquello de la experiencia vivida y lo transmutaran en imágenes plásticas y espectáculo sonoro, una realidad otra, creada —como los dioses que fabrican el miedo y la soledad de los hombres— por la imaginación visionaria y la sensibilidad impregnada de truculencia y desmesura románticas de un compositor y poeta que, como Víctor Hugo, se creía también, además de artista, un ser superior, casi olímpico. Varias veces, ante la representación de tanto lujo bárbaro y barroco, tuve la sensación de que en el escenario “La muerte de Sardanápalo”, de Delacroix, reaparecía encarnada y se echaba a vivir.

El único ser humano que ambula por este territorio de dioses, diosecillos, semidioses y engendros, es Siegfried, hijo de los amores trágicos e incestuosos de dos hermanos. Es una criatura natural, criado por un malvado codicioso, el nibelungo Mime, a quien aniquilará sin escrúpulo alguno al descubrir su entraña pérfida. Aunque es tosco, directo e inocente como un animal, ignora el miedo y las formas, actúa guiado por una buena entraña, y se dignifica cuando vive el amor de la valquiria Brünnhilde, a la que con un beso saca del sueño en el que la ha sumido Wotan por haber cedido a la piedad, pasión de débiles. Pero este ser puro y limpio, una vez que sucumbe a la pócima del olvido que le hacen beber Hagen, Gunther y Gutrune, traiciona a su amada y precipita el enredo que culminará en el holocausto final. Nadie se salva. La codicia del poder, simbolizada por el oro, arrastrando a todo lo existente a su perecimiento. ¿Qué hubiera permitido un destino distinto para esos infelices heroicos, fatalistas y supersticiosos? Acaso no haberse apartado de la Naturaleza, como se lo advertía la ecológica Erda, evitando un progreso solo aparente que contenía los venenos que terminarían liquidándolos. En esa visión apocalíptica de la vida no hay otra escapatoria que el arte, en el cual la tragedia se inmuniza a sí misma volviéndose espectáculo y permitiendo a los seres humanos contemplar sus verdades ocultas sin vivirlas de verdad, solo como fantasías y pesadillas.

No se puede disfrutar de la música de Wagner como las de Mozart, Verdi, Rossini o Strauss. Él no la compuso para celebrar las buenas cosas de la vida y exorcizar las malas, ni para seducir y dar esparcimiento y placer. La compuso convencido de que la música, como creía su maestro Schopenhauer, era acaso el único instrumento con que contaban los hombres para comunicar con aquella dimensión de la vida a la que no llegan el conocimiento ni la razón, esa zona oscura, divina o sagrada, de la que tenemos solo premoniciones y sospechas, nunca evidencias, salvo en aquellos privilegiados estados de trance en que cierta música excelsa nos arranca de nuestro confinamiento en lo terrenal y lo práctico y nos hace entrever, sentir, vivir por un momento de éxtasis, esa elusiva trascendencia, ese estado que los místicos llaman el “espíritu puro” que encara a Dios. Tal vez la música de Wagner nos acerque más al diablo y al infierno que a Dios y al cielo, pero, no hay duda, gracias a ella salimos de la vida cotidiana y previsible, de lo rutinario y sabido, y accedemos a un mundo de valores y formas distintos a los que estamos acostumbrados, un mundo de excesos y de extremos, de absorbente belleza y aterradores peligros, de pasiones desorbitadas y sensaciones exquisitas. Una música que es siempre una revelación y una catarsis.

Lo extraordinario es que, después de cada una de las óperas de la Tetralogía, los wagnerianos de Bayreuth, en vez de tomarse un válium y meterse a la cama a recuperarse de la tremenda experiencia, invadan las tabernas de la ciudad y apuren grandes jarras de cerveza y fuentes de salchichas con bratkartoffeln y sauerkraut.

BAYREUTH, AGOSTO DEL 2010

02 agosto 2010

Christian Thielemann cumple 100 representaciones en Bayreuth

Foto: ABC

El gran director, considerado por muchos como un mito, Christian Thielemann dirigió las dos primeras partes del "Anillo del Nibelungo": "La Valquiria" y "El oro del Rin" y Tankred Dorst se encargó de la escena en el reciente Festival de Bayreuth. Thielemann cumplía así su representación numero cien en el teatro de la colina, el mas importante en homenaje a la figura de Richard Wagner. A continuacion un articulo publicado en el ABC sobre esta producción.

Por Ovidio Garcia Prada desde Bayreuth
ABC.es

El número cien, el centenario, señala un hito señero en toda serie, en un proceso, y no digamos en la vida, que es normalmente objeto de celebración. Cien actuaciones celebró este miércoles Christian Thielemann como director musical en el «foso mágico» de Bayreuth. Y lo hizo como mejor procedía, dirigiendo una representación de «La Valquiria», segunda parte de la tetralogía de «El Anillo del Nibelungo», cuyo primer acto fue apoteósico, de lo mejor de los últimos veinte años, por lo menos. El público asistente, embelesado, liberó su entusiasmo en una explosión eruptiva de aplausos, griterío y estruendoso pataleo en el tablado, justo en el mismo instante en que el radiante acorde en sol mayor remataba los imparangonables compases de la eclosión final. Fue el broche de oro a una interpretación musical de antología, vocal y orquestalmente excelsa, casi sin paliativos.

Protagonistas: el aplomado tenor Johann Botha (Siegmund), uno de los cantantes actuales con mejor técnica canora wagneriana (modulación, fraseo, timbre, pasaje); la grácil soprano Edith Haller (Sieglinde), que se dejó llevar por él, y el rotundo bajo Kwangchul Youn (Hunding), el único que repetía papel, más una orquesta empastada, super dúctil y transparente, a la par que briosa e impulsiva en grado sumo. Guiados por una batuta eufórica escalaron cotas melodramáticas otrora inaccesibles. Pero esa feliz conjunción estelar no se repitió en los dos actos sucesivos. Tampoco se produjo el efecto contagio y cuando lo hubo —por ejemplo, en Linda Watson, que inicialmente rebajó el habitual volumen estridente de su órgano y configuró una heroína Brünnhilde más lírica y matizada— duró poco. Albert Dohmen parece definitivamente haberse agotado ya como Wotan y M.Fujimura, que retornaba al personaje de Fricka, encarnó una hembra celosa pero no apabullante. Así, el tercer acto, que contiene el potencial para un nuevo clímax, con el exultante jolgorio del octeto walkyriano y el hondo dramatismo final en la escena

del castigo y dormición de Brünnhilde, no tuvo como el primero un par de cantantes en estado de gracia, a pesar de que Thielemann, con el foso a sus pies y con perfecto dominio de la intrincada acústica de la sala, espoleó a la orquesta como nunca, incluso con cierto manierismo rayano casi en desmesura. En resumen, buen nivel general, con un impactante cuadro escénico final de la roca de la walkyria, pero la magia del principio se había desvanecido.

Tankred Dorst mantiene inalterable su prosaica puesta en escena (tanto la escenografía como la parca dirección actorial, consistente en cuadros estáticos decorativos, no acciones) en esta su quinta y última reposición de la tetralogía. La tarde anterior, salvo el citado cambio en el papel de Fricka y la inclusión del bajo brasileño Diógenes Randes (como gigante Fafner), se mantuvo también inalterado el elenco de cantantes-actores en «El Oro del Rin». Con la orquesta a un alto nivel, superado pero no anulado ya el carácter dominante casi exclusivo anterior de lectura cameralística y afiligranada de la partitura, la representación pareció desarrollarse con piloto automático conectado. Aplausos y ovaciones de rigor, sin una sola muestra de desagrado. Más intensos en este caso para Andrew Shore, que plasma un Alberich malvado, con recursos dramáticos más temperamentales que canoros, y, sobre todo, para Ch.Thielemann, que afianza su fama como batuta wagneriana de referencia. Próximamente, excepto «Lohengrin», habrá dirigido todas las obras del canon wagneriano, más que ningún otro maestro desde los tiempos de Felix Motl, hace también cien años. Pero hay más, estos días ha firmado su contrato como «asesor musical del Festival». Eso le permitirá co-decidir la contratación de directores musicales y solistas. Ningún colega (llámese Toscanini, Furtwängler o Karajan) tuvo antes tanto poder en Bayreuth.

La representación de «La Walkyria» del día 21 de agosto será retransmitida en directo por internet en vídeo de alta definición y sonido multicanal. El correspondiente BlueRay/DVD estará disponible a finales de año.

Christian Thielemann empezó su carrera a los diecinueve años como correpetidor en la Deutsche Oper Berlin y asistente de Herbert von Karajan. Comenzaba lo que el propio Karajan denominó como el "difícil pero indispensable camino infame", consistente en dirigir en numerosos teatros menores para ir adquiriendo experiencia. En 1985 se convirtió en primer maestro de capilla de la Rheinoper en Düsseldorf hasta 1988 cuando se hizo director general musical del Teatro Estatal de Núremberg. En 1997 fue llamado a la Deutsche Oper Berlin también como director general musical hasta 2004, año en que renunció a su empleo por diferencias con la nueva dirección. Desde septiembre de 2004 ha sido el director general musical de la Orquesta Filarmónica de Munich.

Más de veinte años de experiencia avalan a Thielemann y hoy en día trabaja solamente con unas cuantas orquestas y casas de ópera escogidas. Thielemann dirige anualmente en el Festival de Bayreuth desde 2000.





25 julio 2010

Nuevo "Lohengrin" protagonizado por Jonas Kaufmann abre la 99ava. edición del Festival de Bayreuth 2010

(Wagnermania) Como casi todos los años, la ópera que abrirá el Festival de Bayreuth será una nueva producción, a interpretar también en las futuras ediciones. En este caso, la elegida ha sido Lohengrin, cuya última producción en Bayreuth se remonta a la de Keith Warner estrenada en 1999 por Antonio Pappano y que se vio por última vez en el teatro en la edición de 2005.

El 25 de julio se podrá ver la nueva propuesta de la historia del caballero del cisne, que estará repleta de caras nuevas en Bayreuth. La producción es del poeta y libretista Hans Neuenfels, quien alcanzó notoriedad más allá de los círculos operísticos en 2006, cuando su Idomeneo mozartiano en la Ópera de Berlín fue retirada por motivos de seguridad al incluir varias imágenes de la cabeza decapitada de Mahoma, junto a las de Buda, Jesús y Poseidón. En 2008 se produjo en Essen su acercamiento al mundo Wagner a través de Tannhäuser.

En el plano estrictamente musical, la ópera estará dirigida por el jovencísimo director letón Andris Nelsons, de 31 años, actual director de la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Birmingham, con la que precisamente el pasado mes de junio interpretó la obra con la que debutará en Bayreuth este mes, con Lance Ryan en el papel protagonista.

Y sobre la escena un reparto lleno de debutantes en sus principales papeles. El rol que da título a la ópera estará interpretado por el muniqués Jonas Kaufmann en un papel que interpretó por primera vez el pasado año en la Ópera del Estado de Baviera. Kaufmann también ha dado vida en los últimos años a otros personajes wagnerianos como Parsifal o Walther von Stolzing.

Su compañera de reparto será Annette Dasch, también debutante y que interpretará por primera vez el personaje de Elsa en Bayreuth, después de haberse acercado a Freia en El Oro del Rin. Dasch será La condesa de Almaviva en la próxima producción de las Bodas de Figaro la próxima temporada en el Teatro Real.

El bajo Georg Zeppenfeld, alumno aventajado de Hans Sotin, una de las glorias vivas de Bayreuth, dará vida a Heinrich der Vogler, papel que ya ha interpretado en Ginebra o Dresde en pasadas temporadas.

Junto a ellos, la veterana Evelyn Herlitzius dará vida a la malvada Ortrud, acompañada de Lucio Gallo, que afrontará el papel de Friedrich von Telramund también por primera vez en Bayreuth.

Lohengrin se representará los días 25 de julio y 3, 6, 17, 22 y 27 de agosto. La primera de las representaciones se podrá escuchar en directo en Radio Clásica a partir de las 16:00 y a través de su web en todo el mundo.

22 marzo 2010

Muere Wolfgang Wagner, y con el toda una era


(OperaPeru.com) El nieto del compositor Richard Wagner y director de los Festivales de Bayreuth por más de 50 años, Wolfgang Wagner, falleció ayer domingo a los 90 años en su casa en esa ciudad.

Desde 1951, Wolfgang tomo las riendas del Festival de Bayreuth, (dedicado íntegramente a la música de su abuelo Wagner) junto a su hermano Wieland. Al morir este ultimo, en 1966, Wolfgang asume la dirección el solo. Hacia 1999 empieza el proceso para dejar la dirección del Festival, lo cual inicia toda una novela entre sus descendientes por asumir la posta. Finalmente, en 2008, la asumen sus hijas Eva y Katharina, ambas hermanastras de gran diferencia de edad entre ambas.

Termina una era

Después de la segunda guerra mundial, Wolfgang recorre Alemania en su moto para buscar patrocinadores que auspicien la re apertura del Festival de Bayreuth, legado familiar. "Había mucho resentimiento, ya que mi madre era amiga personal de Hitler" cuenta Wolfgang alguna vez. "Sin patrocinadores extranjeros no lo hubiéramos logrado". Seis años después, el Festival reabre con una producción de "Parsifal".

Durante su dirección que duro 57 años convirtió el Festival en una institución cultural en Alemania, llevando a los mas importantes cantantes y directores a ese teatro.

Fue importante la inclusion de un modelo propio: El "Workshop" (taller de trabajo). El concepto de Wagner era simple: Las producciones nunca pueden llegar a ser perfectas y debían mejorarse cada año. Asi que los cambios eran permanentes y las producciones no eran iguales entre representaciones.

Otros de sus legados fue la recuperación de la Villa Wahnfriend, antigua villa de su abuelo Richard, que ahora es un museo. También lo fue al arduo trabajo para crear la 'Fundación Wagner', que se encarga de preservar el legado del compositor y del mantenimiento del Teatro del Festival.

Con la muerte de Wolfgang, termina la era en que la dirección del Festival es vitalicia. Con la nueva etapa de Eva y Katharina, se da una apertura del Festival, con transmisiones en directo por internet y mayor publicidad, esto para atraer a un público mas joven.

Wolfgang Wagner murió a los 90 años mientras dormía, comunicaron sus portavoces. -
(Con información de Deutsche Welle)

19 diciembre 2009

Tom Tykwer convocado para dirigir el Anillo de Bayreuth en 2013

Segun el blog Wagner Opera, y basado en fuentes confiables, se anuncia que Tom Tykwer, director de cine de peliculas famosas como "El Perfume", "Corre Lola corre", "Paris, je t'aime", "Heaven" y
"The Princess + the Warrior", fue convocado por la dirección del Festival de Bayreuth para dirigir la Tetralogia del "Anillo del Nibelungo".

El 2013 es la fecha del bicentenario del nacimiento de Richard Wagner, por lo cual esta producción es de suma importancia.

Escoger a directores de cine para producciones operísticas, renueva la visión de las producciones y atraen a otro público ajeno a la ópera.

29 julio 2008

Bayreuth 2008: Vistazo a las ultimas novedades

Aqui algunas de las impresiones de lo que ha sido este inicio de temporada del Festival de Bayreuth. Imagenes de la noche inaugural, la transmision de "Die Meistersinger", entrevistas a Katharina Wagner y Stefan herheim, y comentarios de fans que vieron la opera transmitida a sus casas. Este es un reportaje de la ZDF:


27 julio 2008

“Die Meistersinger von Nürnberg” en vivo desde la plaza de Bayreuth



Este domingo, miles de personas salieron a la plaza de Bayreuth a ver la primera transmisión en vivo de la ópera cómica de Richard Wagner. La galería de fotos se puede ver aquí.

07 julio 2008

Wagner: Lohengrin, con Jess Thomas y Anja Silja, desde el Festival de Bayreuth 1962


Les tengo una joya de colección: Phillips sacó una grabación en vivo de una representación de "Lohengrin" desde Bayreuth en 1962. Wolfgang Sawallisch fue el director y Jess Thomas el tenor protagonista. Esta grabación destaca por tener al mejor Lohengrin de la época, en una versión dedicada y entregada. La Elsa de Anja Silja no puede ser mejor, y el acompañamiento de los grandes Ramón Vinay y Astrid Varnay hacen de esta grabación una imposible de obviar. Disfruten!



Richard Wagner
LOHENGRIN

Grabación en vivo en estéreo desde el Festival de Bayreuth 1962
Director: Wolfgang Sawallisch

König Heinrich:Franz Crass
Lohengrin:Jess Thomas
Elsa:Anja Silja
Telramund:Ramón Vinay
Ortrud:Astrid Varnay
Der Heerrufer: Tom Krause
Ein Edle: Gerhard Stolze
Ein Edle: Niels Möller
Ein Edle: Klaus Kirchner
Ein Edle: Zoltán Kelemen

Coro y Orquesta del Bayreuther Festspiele

05 julio 2008

¿Cómo llego al Festival de Bayreuth este año?


...Si no reservaste hace 8 años, entonces no hay forma...


Pero si quieres saber cuál es el proceso regular para conseguir entradas, consulta esta página.

Bayreuth 2008: El Festival y lo que trae


Este año, el festival de Bayreuth, como ya todos saben, dedicado enteramente a las óperas de Wagner, tendrá de especial que será el último de Wolfgang Wagner como director. El nieto del compositor ya había anunciado algunos meses atrás su retiro después de 56 años. También marcará la primera vez en que una ópera del festival sea transmitida en video fuera del recinto, via internet.

Cada año, este festival recicla las diez óperas, en grupos de 4 o cinco títulos, considerando "El Anillo del Nibelungo" como una sola ópera, en 4 veladas. La noche inaugural se presenta una nueva producción.

Este año le toca a "Parsifal", última ópera de Wagner, ser la ópera con nueva apuesta. El noruego Stefan Herheim es el director, y en el elenco estará Christopher Ventris como Parsifal, debutando en esta sala. El estreno será el 25 de Julio.

"Tristan und Isolde" y "Die Meistersinger von Nürnberg" son los otros títulos de la temporada. Esta última fue la producción que Katarina Wagner presentó el año pasado con éxito. Ésta se transmitirá en vivo de forma gratuita por pantallas en la plaza mayor de Bayreuth, y por internet a todo el mundo, a través de una suscripcion pagada y que cuesta 49 Euros a través de la página web del Festival.

Cerrando la temporada, "Der Ring des Nibelungen" dirigida por Christian Thielemann, considerado el mejor director de orquesta wagneriano de la época, se presentará a final de mes en tres ciclos de 4 veladas consecutivas cada uno.

El Festival se extenderá hasta fines de agosto.

03 julio 2008

Wagner: El Holandés Errante, desde Bayreuth Festival 2006


Empezando la cobertura del Festival de Bayreuth, y el mes Wagner, empecemos con una grabación de la temporada 2006 con una de las primeras óperas de la época seria y apreciada del compositor de Leipzig. Considerada por el mismo Wagner como su primera ópera importante, "El Holandés Errante" o "Der Fliegende Holländer" es una obra interesantísima desde el punto de vista dramático y musical. El desarrollo de los leivmotivs es alucinante, así como la intensidad de la misma música durante los tres actos, y el guión en sí. Para hacerse familiares con esta ópera, y así apreciar mejor la música sola, recomiendo ver el DVD de la producción de los 80 en Bayreuth, con Simon Estes como el Holandés.

Aquí la grabación de la transmisión por internet de la ópera, portagonizada por uno de los wagnerianos más importantes de esta época: John Tomlinson

Richard Wagner
DER FLIEGENDE HOLLÄNDER

Daland: Jaakko Ryhänen
Senta: Adrienne Dugger
Erik: Alfons Eberz
Mary: Uta Priew
Der Steuermann: Norbert Ernst
Der Holländer: John Tomlinson

Director: Marc Albrecht

05 mayo 2008

Wolfgang Wagner deja Bayreuth después de 57 años


La historia de la familia de Richard Wagner y del festival de Bayreuth llega estos días a un momento importante en su historia. Wolfgang Wagner, de 87 años y nieto del compositor, decidió comunicar a través de una carta que dejará su cargo de director al finalizar la temporada 2008, después de 57 años al frente de éste.

El festival de Bayreuth fue creado gracias al apoyo que Richard Wagner recibió del Rey Ludwig II de Baviera. Dedicado integramente a su obra, y con supervisión en su construcción y los detalles hecha por el mismo compositor, el Festival abrió en 1876 con "El Anillo del Nibelungo" en 4 veladas seguidas. Su primer director fue el mismo Wagner, quien al morir dejó a cargo a su esposa Cósima. Su hijo Siegfried resultó el sucesor hacia 1906, introduciendo cambios importantes en las producciones. Cuando este murió en 1930. Su esposa Winfred Wagner se encargó del Festival. Ella era una gran amiga y ferviente devota de Adolph Hitler. En 1951, después de la guerra, y la destitución de Winfred por una corte marcial, sus hijos, Wieland y Wolfgang asumen entonces. Wieland murió en 1966. Desde entonces Wolfgang es el patriarca del festival.

La vinculación de los Wagner con Hitler y el partido Nazi es un gran detrimento para el festival, aunque este apoyo al partido le valió una independencia de la influencia del tercer Reich, a cambio también de usar música de Wagner para propaganda política.

Los hermanos Wagner trajeron innovación al festival, la cual fue criticada fuertemente por haber quebrado la tradición. Montajes minimalistas reemplazaron a los sets tradicionales.

Otro de los legados de esta administración es el "Bayreuth Werkstatt"(Taller de trabajo de Bayreuth). Ante la dificultad para Wolfgang de manejar el festival, y dirigir las óperas, se llamó a diferentes directores para que participen, y a modo de experimentar con nuevas propuestas de todo tipo. Esto posibilitó ver una de las producciones más increibles y mejor presentadas no sólo en el festival, sino en la ópera en general: La producción por el centenario del "Anillo del Nibelungo" dirigida por Patrice Chereau, en 1976. Para estos años Bayreuth era uno de los centros culturales más importantes del mundo.

Pensando en dejar el festival pronto, el deseo de Wolfgang era dejarlo en manos de su segunda esposa Gutrun y su hija Katherina, y no de Eva, su hija mayor del primer matrimonio. La muerte prematura de Gutrun, precipitó la sucesión de Katharina, hija de 30 años de Wolfgang, y que estrenó su primera producción, la puesta de "Die Meistersinger von Nürnberg", la temporada pasada en Bayreuth con éxito.

Con esta decisión de retiro, se da el camino para elegir la sucesión. Se habla ya de una candidatura conjunta de Eva y Katharina, la cual sería la opción más fuerte, en contra de la de Nike Wagner, hija de Wieland, y prima de Eva y Katharina.

Eva es directora del festival de Aix-en-provence y representante europea del Metropolitan de Nueva York. Katharina cuenta con el apoyo de Christian Thielemann, considerado el mejor conductor wagneriano, y alabado en Bayreuth.

09 julio 2007

Mes de Bayreuth, Mes de Wagner

Richard Wagner significa mucho para nosotros. Uno de los compositores mas grandes, innovadores, y ambiciosos, que elevo el nivel de nuestra percepcion cultural. Gracias a su ideas sin limite, y su deseo de crear obras que vayan mas alla de la vida, nos dejo un legado invalorable, que no deja de sorprender. Para aburrise de el, y superar el interes en su obra, se necesita vivir mas tiempo que la vida misma....

Rienzi: Overtura
Sir Georg Solti, Wiener Philharmoniker.

Diez operas fueron suficientes para ubicar a este compositor como uno de los mas grandes. Su obra incluso trasciende la frontera musical para adentrarse en los mistico, matematico y supersticioso.

Tannhäuser: Overtura
Herbert Von Karajan, Berliner Philharmoniker