03 agosto 2026

Otra vez Bohème

 

Detrás del telón de "La bohème": así se monta la ópera más famosa de  Puccini en Bogotá dirigida por Andrés Orozco-Estrada | EL ESPECTADOR

Por Gonzalo Tello (Bogotá)

Cuando uno se prepara para comentar una nueva puesta en escena, una de las primeras preguntas que surgen —y que generalmente se les hace a sus responsables en las entrevistas— es cuáles son sus ideas o aportes para esta producción. Sin embargo, en el caso de la ópera más representada y popular del repertorio durante los últimos cien años, la pregunta cambia: ¿cómo puede un equipo creativo aportar algo especial u original a una obra tan conocida, estudiada y frecuentada como La Bohème? En el caso de la ópera que Puccini estrenó en 1896 y que desde entonces se ha convertido en la carta maestra para atraer público a los teatros, el reto es muy distinto al habitual.

Puccini basó esta obra de juventud, su segundo gran éxito operístico, en las célebres Escenas de la vida bohemia de Henri Murger, trabajando con quienes se convertirían en su dupla de libretistas por excelencia: Giuseppe Giacosa y Luigi Illica. No ahondaremos en una historia que ya es ampliamente conocida, pero sí vale la pena destacar que desde esta ópera Puccini comenzaba a perfilarse como un auténtico director de escena, incluso décadas antes de que existiera formalmente esa figura en el mundo de la ópera. A partir de La Bohème, sus partituras contienen precisas indicaciones de tiempo, lugar, movimientos y acciones escénicas, lo que plantea siempre el mismo dilema para cualquier regisseur: mantenerse fiel a lo que el compositor imaginó o buscar una nueva lectura sin traicionar su intención original.

Lo cierto es que la mayoría de las propuestas continúan siendo esencialmente tradicionales, aunque cambien la época o el lugar donde transcurre la acción. Ejemplos no faltan: desde la controvertida producción del Festival de Salzburgo de hace algunos años hasta la reciente versión de la Ópera de París, donde Rodolfo es un astronauta rumbo a la Luna y Mimì no es más que un producto de su imaginación. Aun así, La Bohème seguirá siendo, probablemente, la apuesta más segura para llenar un teatro.

Otro de los elementos que explica su enorme popularidad es que la obra de Murger puede considerarse una precursora de las telenovelas, y la ópera de Puccini también lo es, en cierto sentido. Quizá sea la telenovela más famosa de los escenarios líricos, con sus amores, rupturas, reconciliaciones y tragedias llevadas al extremo, emociones que en apenas dos horas nos conducen por situaciones que hoy podrían parecer inverosímiles, pero cuya eficacia dramática permanece intacta.

Pero vayamos a la propuesta del Teatro Mayor. El mayor atractivo para asistir a esta producción recaía, sin duda, en la dirección musical de Andrés Orozco-Estrada, el director colombiano de mayor proyección internacional, al frente de una Orquesta Sinfónica Nacional que confirma una vez más el excelente nivel artístico que ha alcanzado. El reparto, como suele ocurrir en esta obra, estuvo integrado por voces jóvenes y de resultados desiguales, mientras que la dirección escénica apostó por una lectura tradicional dentro de una propuesta visual sencilla pero atractiva.

La dirección escénica de Pedro Salazar merece un reconocimiento especial. Su trabajo resulta inteligente, coherente con el texto y de gran impacto visual. No solo respeta cuidadosamente las indicaciones de Puccini, especialmente aquellas en las que los gestos coinciden con la música, sino que desarrolla un trabajo casi coreográfico con el elenco, dotando a cada escena de dinamismo y fluidez. Las escenas del ático funcionan muy bien, pero es especialmente en el segundo acto, durante la gran escena del Café Momus, donde la propuesta alcanza su punto más alto. Decenas de actores, coristas y solistas construyen un espacio lleno de vida y movimiento permanente, recreando con gran naturalidad el bullicio parisino. Es destacable el trabajo colectivo realizado con el coro y los figurantes.

Lo más interesante fue encontrarnos con una Bohème claramente clásica, pero situada dentro de un contexto escenográfico deliberadamente ambiguo y, por momentos, casi atemporal. La escenografía de Julián Hoyos es limpia y sencilla, sin renunciar por ello a la amplitud que exige la obra. Especialmente acertado resulta el cambio de escena hacia el Quartier Latin mediante estructuras móviles que transforman rápidamente el escenario y recrean el bullicio de las calles en una elegante paleta de blancos, negros y grises. El vestuario diseñado por Sandra Díaz constituye, probablemente, el mayor acierto visual de la producción: cada personaje está cuidadosamente caracterizado, con atención al detalle y gran sentido estético.

No puede decirse lo mismo del diseño de iluminación de Humberto Hernández. En varios momentos dejaba al descubierto la sencillez —e incluso cierta precariedad— de algunos acabados escenográficos, especialmente en el ático de los actos primero y cuarto, y, sobre todo, en el tercer acto. A ello se sumaban cambios de iluminación dentro de una misma escena que parecían carecer de una lógica dramática evidente. Fue, sin duda, el aspecto más débil de una producción visualmente muy cuidada.

En cuanto al elenco, los resultados fueron desiguales. La mejor voz de la noche fue, con diferencia, la de la soprano guatemalteca Adriana González, dueña de una técnica sólida, un volumen adecuado y un fraseo ideal para esta partitura. A su lado, el tenor Andrés Agudelo posee un instrumento bello y de timbre atractivo, aunque todavía evidencia dificultades para sostener largas líneas de legato. Su canto me recordó al joven Marcelo Álvarez, referencia que no necesariamente constituye una virtud.

El barítono Jacobo Ochoa asumió el papel de Marcello con una voz que, a mi juicio, resulta insuficiente para las exigencias del personaje, tanto por volumen como por calidad tímbrica. Muy distinta fue la impresión que dejó Juan David González como Schaunard, ofreciendo una interpretación sólida, de voz homogénea y bello color. Correcto estuvo Hyalmar Mitrotti como Colline, mientras que Julieth Lozano se robó buena parte de la atención del público con una Musetta de gran desparpajo escénico, divertida caracterización y varios momentos vocales de notable brillo.

El coro cumplió correctamente su labor tanto desde el punto de vista vocal como actoral, especialmente en el segundo acto. Sin embargo, como ya se ha señalado, el verdadero eje de la velada estuvo en el foso. La dirección de Andrés Orozco-Estrada logró extraer un sonido refinado, cálido y profundamente pucciniano de la Orquesta Sinfónica Nacional, convirtiéndose en el gran sostén artístico de toda la función.

En definitiva, fue una representación que se disfrutó plenamente, incluso para quienes hemos visto esta obra en innumerables ocasiones. Una vez más, el Teatro Mayor confirma su compromiso con el desarrollo del género operístico en Colombia mediante producciones de alto nivel. El talento colombiano demuestra estar plenamente preparado para afrontar estos desafíos, y solo queda esperar que, siguiendo este ejemplo, más teatros y compañías del país se animen a ampliar de manera sostenida la oferta lírica nacional.

Colombia recibe a Wagner con el sello de Lombardero

 

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Fotos: Juan Diego Castillo / Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo.
por Gonzalo Tello, (Bogotá, Colombia).

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Parafraseando una idea de Marcelo Lombardero: “En Europa la ópera es la norma; en Latinoamérica, un evento”. Y más aún cuando se trata de subir a escena una ópera nada menos que del coloso Richard Wagner. Si bien Buenos Aires o Santiago, por ejemplo,  tienen mayor experiencia con este compositor gracias a la grandeza y estabilidad de sus compañías, en el resto del hemisferio sigue siendo poco frecuente y todo un acontecimiento, ya que no solo se requieren los creadores adecuados, sino también elencos e intérpretes que den la talla a un nivel superlativo.

¿Cuán complejo es? Primero, cubrir el presupuesto que todo lo anterior implica, generalmente mucho mayor que el de una ópera tradicional. Luego, atravesar la barrera de sí a nuestro público le gustará o le parecerá demasiado “complejo”, considerando que un título popular de Puccini o Verdi rara vez falla. Después viene el trabajo de dirección musical y escénica, así como contar con cantantes europeos de peso que llevan estos roles en su repertorio, o con cantantes latinoamericanos que, aunque pocos, existen y son de excelente nivel, pero difíciles de reunir.

Todos estos factores confluyeron en Bogotá, una capital a la que no le faltan eventos culturales y que presenta en diversos escenarios una buena cantidad de óperas cada año. Solo el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo programa entre tres y cuatro títulos anuales —entre ópera, zarzuela y formatos de cámara—, lo que lo convierte en uno de los escenarios del país que apuesta por una variedad artística relevante., y es uno de muchos más.

En Colombia, Wagner se había visto solo dos veces antes. La primera fue en 2013, cuando la Ópera de Colombia presentó un histórico Tannhäuser en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán, en una producción del reconocido régisseur Alejandro Chacón, con solistas internacionales y la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar bajo la dirección del célebre Gustavo Dudamel, quien entonces abordaba su primer Wagner.

La segunda ocurrió en 2016, precisamente en el Teatro Mayor, con Tristán e Isolda en una producción de la Ópera Estatal de Hamburgo, encabezada por un elenco formidable: Ricarda Merbeth, Robert Dean Smith, Lioba Braun, Mikhail Petrenko y Werner Van Mechelen, bajo la dirección del legendario Kent Nagano al frente de la Filarmónica Estatal de Hamburgo. Un evento verdaderamente excepcional e inolvidable que también tuve la oportunidad de disfrutar en vivo.

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LA GÉNESIS DEL ÉXITO

Este Holandés errante (Der fliegende Holländer) es la tercera ópera de Wagner que se presenta escénicamente en el país, con solistas argentinos y colombianos, el Coro Nacional de Colombia y la excelente Orquesta Filarmónica de Bogotá, bajo la dirección del maestro suizo Stefan Lano, quien colabora frecuentemente con Marcelo Lombardero, especialmente en el Palacio de Bellas Artes de México, de donde este último es director artístico desde 2024.

Recuerdo haber conocido a Lombardero en 2013, en Lima, a raíz de su participación como jurado en el Concurso de Canto Lírico que Radio Filarmonía organizaba ese año. Por entonces, con entusiasmo, le propuse al reconocido régisseur visitar el Gran Teatro Nacional, recientemente inaugurado y aún hoy una joya arquitectónica y tecnológica no superada en la región. El maestro quedó impresionado con un teatro moderno dotado de semejante infraestructura. En esa visita, el anfitrión fue Juan Carlos Adrianzén, por entonces director del GTN, quien años más tarde asumiría la dirección de programación del Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo.

Creo que la química entre ambos fue evidente, pues comparten un cariño especial por su trabajo y una gran sensibilidad por las artes escénicas. Si bien Lombardero aún no ha llevado sus producciones a Lima, sí lo ha hecho en varias ocasiones —y con notable éxito— en Bogotá. Su más reciente producción de El holandés errante es, en cierto modo, consecuencia de ese recorrido exitoso en temporadas anteriores en la capital colombiana, presentando títulos como Mahagonny y Così fan tutte. Me resulta grato presenciar, tras tantos años, el fruto de esta colaboración entre ambos gestores culturales, que demuestra un nivel artístico excepcional y amor por la excelencia.

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UN HOLANDÉS “HUMANO”

Lombardero no es ajeno a Wagner, es más, él y Wagner se complementan. La visión del compositor de trascender barreras, crear nuevos límites, recuperar lo clásico y trabajar por lo más sublime del arte son características que Lombardero ha demostrado en sus producciones. Si bien, como él dice, no es ni muy vanguardista ni muy tradicional, se refleja en su trabajo un interés por contar siempre algo nuevo y diferente, pero sin romper la esencia del compositor como muchas veces vemos en múltiples producciones. Ese profundo conocimiento del teatro y su versatilidad hacen de Lombardero uno de los directores más fascinantes de nuestro hemisferio.

Su visión de El holandés errante no rompe con el libreto; incluso podría calificarse de tradicional. Sin embargo, aporta nuevas aristas: humanas, actuales y sinceras. Desde el inicio de la poderosa obertura, la escena nos presenta a una Senta niña, jugando en casa junto a su madre —figura ausente en el libreto original—. La aparición del padre, claramente violento, marca el quiebre: no solo exige comida y bebida, sino que, presa de la ira, agrede a la madre frente a la niña. La madre aparece sumisa y resignada, atrapada en esa dinámica. Este contexto moldea la psicología de Senta, quien ya posee un retrato del holandés al que venera, podríamos decir, enfermizamente..

Este enfoque introduce una nueva capa de lectura a una obra ampliamente conocida y evidencia la preocupación de Lombardero por incorporar temas a la vez atemporales y actuales. Además, su holandés es profundamente humano: un hombre con inseguridades y dudas, alejado del carácter meramente fantasmagórico con el que suele representarse. Esto lo hace más cercano y convincente al público.

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LA PRODUCCIÓN

Como ya es tradición, la ópera se presenta sin cortes y sus tres actos transcurren sin pausas. En el primero destaca una escenografía sobria pero minuciosamente elaborada: paredes laterales que delimitan el espacio, una porción de la proa del barco de Daland y un fondo con logradas proyecciones tridimensionales de la tormenta y el mar., además de la llegada del barco del holandés.

El vestuario es atemporal, con sutiles acentos futuristas que conservan una línea clásica, particularmente en el caso del holandés, quien aparece con un sobretodo guinda y una estética post-punk —cabello con corte mohicano incluido—. Daland y el timonel, en cambio, lucen trajes más convencionales, de impronta tradicional.

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La versátil escenografía muta constantemente: de la casa de Senta durante la obertura al puerto donde confluyen Daland y el holandés; luego, en el segundo acto, a una amplia terraza y a la casa iluminada por lámparas suspendidas, con rejas que separan el interior del exterior y la presencia permanente del mar al fondo. Finalmente, el espacio se transforma en la intimidad del hogar de Senta y en el muelle del último acto.

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La utilería es austera: a la izquierda, un sillón sobre el cual destaca el retrato del holandés; a la derecha, una mesa-escritorio con botellas, vasos y otros elementos domésticos. El trabajo escenográfico y de video, junto con la iluminación y el vestuario —a cargo de Noelia González Svoboda, José Luis Fiorruccio y Luciana Guzmán, respectivamente— se alinea con la visión de Marcelo Lombardero: una propuesta gótica, oscura y misteriosa, de impronta moderna. La paleta cromática, dominada por azules, celestes y lilas, encierra al espectador en un universo costero y tenebroso, cercano por momentos a la estética del cine noir.

LOS ARTISTAS

Podemos decir que el elenco no solo estuvo a la altura, sino que incluso superó las expectativas. Como mencioné antes, resulta especialmente grato que todos los solistas sean latinoamericanos. En el rol del holandés se contó con Hernán Iturralde, el celebrado bajo-barítono argentino que triunfa en escenarios como el Teatro Colón y otras grandes plazas.

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Su encarnación del marino condenado a surcar los mares por siglos fue vocalmente poderosa, con líneas firmes y una dicción que evidencia amplia experiencia escénica. A ello se sumó una presencia sobria, casi resignada ante su maldición, aunque atravesada por un impulso latente por romper el ciclo. Destacó desde su gran aria de entrada, “Die Frist ist um”, y resultó especialmente conmovedor —pero también avasallador— en su primer dúo con Senta.

La presencia de Iturralde deja huella incluso cuando no canta: su sola figura en escena sostiene la tensión dramática. Y su impacto en el desenlace, cuando el personaje se siente traicionado por Senta, conduce a un clímax de auténtico delirio teatral y musical.

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La protagonista de esta producción, Senta, es interpretada por la soprano colombiana Betty Garcés, hoy una de las voces más importantes y destacadas del país. La escuché por primera vez hace tres años, protagonizando Ariadne auf Naxos en el Teatro Colón de Bogotá, y me impresionaron su lirismo, potencia vocal y un fraseo de gran densidad y musicalidad.

Este Holandés marca su debut en Wagner, y puede decirse que lo ha llevado, literalmente,  a buen puerto. Su entrega y versatilidad escénica resultan contundentes desde el inicio. La dicción en alemán es impecable y, desde su entrada con la célebre balada de Senta, se entrega por completo, con una voz ya aclimatada a las exigencias vertiginosas de la partitura, cuyas líneas suben y bajan como las olas del mar que la rodean.

Especialmente logrado resulta su primer dúo con el holandés, uno de los momentos más sublimes de la ópera, donde su entrega es total: fraseo exquisito, emisión segura y agudos deslumbrantes. En su leitmotiv principal —que reaparece constantemente y alcanza su clímax en el final— demuestra plenas aptitudes para el rol y el repertorio.

Pocas veces se escuchan voces wagnerianas con esta combinación de técnica y entrega, por lo que era inevitable imaginar, con entusiasmo, cómo sonaría en papeles como Elisabeth o Elsa, roles que bien podrían incorporarse pronto a su repertorio.

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En el relativamente breve rol de Erik, el prometido de Senta, se contó con el veterano Heldentenor argentino Gustavo López Manzitti, ampliamente celebrado y respetado en los teatros de la región y también en Europa, donde aborda papeles de gran exigencia.

Su voz, potente y afinada, de timbre generoso pero siempre controlado, convirtió cada una de sus intervenciones junto a Senta en un auténtico placer wagneriano. Aunque Erik no dispone de un aria propia en esta ópera, su lucimiento se concentra en escenas y dúos, especialmente con Senta. Su interpretación fue sólida desde el inicio y su presencia escénica dejó una impresión perdurable, especialmente en su gran aparición final

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Otro resultado notable lo ofreció el veterano barítono colombiano Valeriano Lanchas, ampliamente celebrado en escenarios internacionales. Desde sus primeras frases, con esa voz oscura y poderosa, me recordó por momentos la imponencia del gran Franz-Josef Selig, gracias a un control técnico absoluto y a una emisión de gran autoridad.

Su desempeño resultó convincente tanto en los pasajes de mayor contundencia —especialmente en el dúo con el holandés— como en los momentos más íntimos junto a Senta. Aun cuando la lectura escénica lo presenta como una figura abusiva hacia su hija, la voz conserva una cierta calidez que aporta profundidad al personaje, incluso yendo más allá de la superficialidad habitual de Daland, ese padre que entrega a su hija a un desconocido a cambio de riquezas.

El rol del timonel estuvo a cargo del tenor colombiano Hans Ever Mogollón, quien asume una escena clave casi a cappella al inicio de la ópera y estuvo plenamente a la altura de sus colegas en escena. Su voz, de naturaleza lírica, se mostró controlada y proyectada con solvencia por encima de la orquesta.

Otro momento destacado lo ofreció la mezzosoprano costarricense Ana Mora como Mary, rol que abordó con solidez vocal y apreciable presencia escénica, aportando profundidad a un personaje breve pero esencial dentro del entramado dramático.

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LOS ELENCOS

Una mención especial merece el Coro Nacional de Colombia, integrado en su mayoría por voces jóvenes. El desafío wagneriano fue superado con creces: no solo por la potencia del conjunto, sino también por el oficio escénico que demostraron a lo largo de la función.

Su interpretación del coro de marineros que cierra el primer acto fue un impacto contundente, revelando una preparación sólida para las exigencias de esta partitura. Asimismo, el coro de hilanderas en el segundo acto se desarrolló con notable completitud, ofreciendo matices dinámicos, variedad de volúmenes y una clara entrega teatral.

El clímax coral llegó en la escena inicial del tercer acto, en el famoso coro de los marineros noruegos, donde el reto consistía en sostener la contundencia musical en medio de un movimiento escénico constante y un tempo particularmente arriesgado y frenético por parte de Stefan Lano, más veloz de lo habitual. Los coreutas superaron este desafío con solvencia, demostrando disciplina y capacidad de adaptación en un contexto de alta exigencia.

La Orquesta Filarmónica de Bogotá hizo plena justicia a la exigente partitura wagneriana, con un sonido compacto, balances bien logrados y una sección de metales particularmente noble pero a la vez enérgica, además de una versatilidad equiparable a la de muchas orquestas europeas de alto nivel. La agrupación cuenta, además, con el respaldo de una intensa temporada anual que podría figurar en cualquier gran sala europea, con repertorios que abarcan desde el barroco y el clasicismo hasta los grandes pilares del sinfonismo romántico y postromántico, sin descuidar la música colombiana y la creación contemporánea.

Por su parte, Stefan Lano demostró no solo afinidad con el lenguaje wagneriano, sino también una conducción sólida y experimentada. Supo articular con precisión el trabajo conjunto de coro, solistas y orquesta, manejando tiempos firmes, volúmenes contundentes y matices delicados, logrando una lectura equilibrada y teatralmente efectiva.

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El resultado de esta producción del Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo puede considerarse plenamente exitoso: tres funciones con boletería agotada y un público entusiasta que demuestra estar listo —e incluso ansioso— por más Wagner romántico. La respuesta en sala confirma que, cuando las condiciones artísticas se alinean, este repertorio encuentra eco también en nuestras latitudes.

De cara al futuro, títulos como Lohengrin y Tannhäuser aparecen como pasos naturales dentro de esta línea programática. Ambos podrían despertar un interés similar y consolidar no solo buenos resultados de taquilla, sino también nuevas cimas artísticas para el teatro.

29 agosto 2019

El desafío de Werther en Lima

La magnífica ópera de Massenet, obra cumbre del romanticismo francés, llega en una extraordinaria producción de la Ópera de Colombia, para abrir la Temporada de Ópera 2019 del Ministerio de Cultura. (Fotos: GTN)
Gran Teatro Nacional, Perú. Werther de Jules Massenet. Jonathan Tetelman, Carol García, Ximena Agurto, Xavier Fernández, Fernando Vizcarra, etc. Coro Nacional de Niños. Dirección: Mónica Canales. Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil Bicentenario. Dirección: Oliver Díaz. Dirección de escena: Alejandro Chacón. Vestuario: Adán Martínez. Escenografía: Nicolás Boni. Iluminación: Caetano Vilela. Dirección General: Javier Súnico.
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Por Gonzalo Tello (Ópera Perú)
Jules Massenet se inspiró, junto a los libretistas Milliet, Blau y Hartmann, en la extraordinaria obra homónima de Goethe para componer esta ópera llena de lirismo, intimidad y dramatismo. Aunque su éxito tuvo que darse fuera de Francia para que finalmente llegara a presentarse en París, llegó a convertirse en la obra cumbre de Massenet, además de una de las mas complejas, y hasta podría decirse, "experimentales".
Y es que a diferencia de las otras óperas de su basta producción, que contienen melodías exóticas, o un estilo mas "delicado", Werther es una composición contundente, que no solo presenta una complejidad wagneriana, sino que predice a Debussy en su estilo orgánico y amalgamado, aquel que este produjo con su trascendente "Pelleas". Y es que de Wagner, Massenet aplica los leivmotivs y el protagonismo de la música como un personaje principal, combinado con esa eterialidad y sonido espacial que la orquesta debe manejar a la perfección para producir el efecto deseado, que tiene Debussy.
Mi primer y único Werther a la fecha lo vi una matinée de sábado (que fue transmitida por radio), una helada mañana del 10 de enero del 2004 en la Metropolitan Opera de Nueva York, en una clásica producción de Rudolph Heinrich, con Roberto Alagna y Veselina Kasarova en los protagónicos, junto al legendario Paul Plishka como Le Bailli. La producción fue extraordinaria, tanto cantantes como orquesta, de los mejores del mundo. Sin embargo, ver este Werther esta vez en Lima fue revelador en cómo una ópera así puede sonar de lo más natural en una orquesta de ópera de primer orden, y en una que enfrenta esta partitura por primera vez. En este sentido, la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil Bicentenario se enfrentó por todos los frentes con una partitura colosal, que bajo la batuta del director del Teatro de la Zarzuela de Madrid, Oliver Díaz, supo hacerle justicia en ciertos momentos, tanto en tamaño y brillo, aunque no termina de cuajar del todo en su interpretación como uno de los personaje mas importante de la ópera, debido precisamente a que esta no es una orquesta de ópera. A su favor tienen el esfuerzo y el saber que otro elenco adulto local no hubiera logrado ese resultado.
A diferencia de aquel Werther del 2004, una producción de los 70s, ambientada en la época de Goethe, (1780 en adelante), y que tenía todos los elementos físicos que remiten a la época, esta producción de Lima, a cargo del trio Chacón-Martínez-Boni, presenta varios retos.
La última vez que estos tres artistas trabajaron juntos en Lima fue en 2012 en la legendaria producción de "Don Carlo" de Verdi, que el Festival Granda presentó en el Teatro Municipal, en una producción magnífica estelarizada por Giuseppe Filianoti, Ildar Abdrazakov, Daniela Barcellona, Marco Spotti, Marco Caria y otros grandes artistas. Aquella puesta fue muy similar a esta de Werther en minimalismo y simbolismo en su estructura.
Esta producción original de la Ópera de Colombia y que también se ha visto en el Solís de Montevideo, no muestra ningún elemento de época, solo grandes tablas pintadas que forman las escenas, con los textos escritos a mano y extraídos del libro de Goethe, precisamente las cartas que se refieren al tiempo en que transcurre la ópera, entre mayo, julio y diciembre de 1780. Por ende, la puesta nos envuelve del todo en la literatura de la obra. La realización de Nicolás Boni es como siempre muy estilizada. El extraordinario vestuario de Adán Martínez (QEPD) nos remite a la época original, sin embargo este minimalismo y el carácter propio de la ópera, suponen un reto para el regista Alejandro Chacón, para que sus protagonistas transmitan toda la emoción e intención de sus personajes, que no siempre se hace obvio a través de la música, y que debe enganchar al espectador en la primera parte de la ópera,  para llevarlo efectivamente hasta el clímax del desenlace.

La historia narra el enamoramiento y posterior obsesión de Werther con la joven Charlotte, prometida a su gran amigo Albert. A través de la poesía, se lamenta de su destino y la historia se vuelve cada vez mas obsesiva hasta el trágico final, todo esto dentro del contexto de la preparación para la Navidad con Villancicos infantiles, y la creciente tensión por los celos de Albert sobre la obsesión de Werther sobre su esposa y su duda sobre los sentimientos de ella. Uno de los giros originales de esta versión de Chacón, es la presencia de Albert al final del acto, con semblante amenazador, dejando el final abierto en si el tomará venganza sobre su esposa o quizá habría una reconciliación.
Esta ópera debe tener cantantes y actores extraordinarios. En esta producción tuvimos la suerte de contar con el extraordinario tenor Jonathan Tetelman, una joven figura que ya recibe excelentes críticas e inicia su carrera en los grandes teatros. Su presencia sobre el escenario es difícil no compararla al joven Jonas Kaufmann de los 2000s, justo antes de ser la superestrella de hoy, con una voz en la transición del repertorio ligero al lírico-dramático. La oscuridad de la voz, correcta pronunciación, presencia, y hasta el volumen de la voz me resultaron muy parecidos. Por supuesto que el resultado de este tenor, que interpretará importantes roles en Londres, Montpellier, Buenos Aires, Turín y Moscú, estuvo a la altura del difícil rol, especialmente en sus monólogos del segundo acto, su gran escena recitando el poema de Ossian en el tercero, y a mezzavoce en una gran rendición del cuarto.
La mezzosoprano española Carol García interpreta a Charlotte, una inocente muchacha comprometida a un hombre mayor, que debe cuidar de su familia y a la vez, sufrir en silencio amando a quien no puede tener. Su personaje va creciendo, en desarrollo dramático, desde un discreto ingreso en el primer acto, su interacción en la escena de medianoche con Werther, hacia su impresionante tercer acto, en el cual la voz crece hasta llenar el teatro con dramatismo puro y gran oficio.
Sería injusto seguir hablando de la soprano peruana Ximena Agurto como una joven voz en ascenso ya que ella vuelve a nuestro primer escenario convertida en una cantante consagrada con gran experiencia internacional, dando vida al personaje de Sophie, la inocente e ingenua hermana de Charlotte. Ella da el contrapeso a los personajes femeninos. Su voz lírica luce muy ubicada, la experiencia la demuestra en una interpretación interiorizada, incluso en una excelente interpretación que rompe el hielo del drama de Charlotte en el tercer acto, con una bella coloratura y contundente voz.
Otro gran resultado lo da el barítono Xavier Fernández como Albert, el esposo de Charlotte que se convierte durante la obra de un hombre bondadoso en uno desconfiado y vengativo. Su interpretación le da consistencia al personaje.
La interpretación de Le Bailli de Fernando Vizcarra resulta poco preparada, teniendo en cuenta que este es un rol breve pero importante, que comúnmente es reservado a los grandes bajos en su últimos años de carrera, por lo que debería ser mas imponente. Entre los roles secundarios destaca la bella voz ligera del tenor Juan Pablo Marcos. Dieron una correcta interpretación, aunque pueden mejorar lo escénico y la pronunciación del francés.
El Coro Nacional de Niños tiene una participación importante y da buen resultado al inicio y final de la ópera.

Este "Werther" es un reto para nuestro público, ya que a pesar de su popularidad internacional, no es el tipo de ópera que se hace comúnmente en nuestro país. La exigencia al público es mayor y este buen montaje logra gustar. Es importante notar el desarrollo de nuestros cantantes locales, que se ven cada vez mas  preparados y con nivel internacional. El tener una temporada de ópera verdaderamente nacional que coordine y traiga producciones de los teatros de la región y produzca las propias para exportar (El caso de "Alzira") y nos permita entrar de lleno en el circuito internacional, es la culminación de un trabajo arduo que debe continuar. Ojalá esto haga posible que en el futuro veamos óperas más exigentes. Me animaría a proponer óperas tempranas y corales de Verdi como Il Corsaro o I Lombardi, trayendo a voces peruanas que están dando frutos en el exterior, como la del tenor Iván Ayón que canta hoy en primeros teatros, o la mezzo Jimena Llanos, con amplia experiencia en Europa. Alguna del repertorio lírico que pueda protagonizar Ximena Agurto, o algunos títulos que bien podrían montarse, como Fidelio, o Ariadne auf Naxos. Eso dependerá del público y de su interés en conocer obras nuevas, y su respuesta en la taquilla.

13 agosto 2019

Werther en Temporada de Ópera de Lima

Ópera de Colombia
Serán cuatro únicas funciones de "Werther" los días 23, 25, 27 y 29 de agosto, con importantes solistas peruanos y extranjeros, la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil Bicentenario y el Coro Nacional de Niños.
(Difusión) En el marco de su Temporada de Ópera 2019, el Ministerio de Cultura de Perú anuncia la obra “Werther” de Jules Massenet, basada en la novela “Los sufrimientos del joven Werther” del escritor alemán Johann Wolfgang von Goethe. La producción ha sido programada para los días 23, 27 y 29 de agosto, a las 8:00 de la noche, y el domingo 25 a las 5:30 p.m. en el Gran Teatro Nacional.
El drama lírico contará con la dirección musical del español Oliver Díaz, la dirección escénica del argentino Alejandro Chacón en una producción hecha originalmente en la Ópera de Colombia, y un reparto integrado por el tenor estadounidense Jonathan Tetelman (Werther), la mezzosoprano española Carol García (Charlotte), la soprano Ximena Agurto (Sophie) y el barítono Xavier Fernández (Albert). La Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil Bicentenario y el Coro Nacional de Niños.
Con libretos en francés de Édouard Blau, Paul Milliet y Georges Hartmann, “Werther” enfoca los conflictos sentimentales de un melancólico caballero que se enamora de una hermosa joven comprometida en matrimonio con otro hombre. Desesperado por los rechazos y abatido por la nostalgia, el protagonista asumirá peligrosas acciones que originarán una tragedia.
Las localidades para “Werther” cuestan de 15 a 100 soles y están a la venta en Teleticket y la boletería del Gran Teatro Nacional. Se adiciona un descuento del 50% para menores de 17 años, estudiantes universitarios y de institutos superiores, mayores de 60, docentes de instituciones educativas públicas, miembros del Servicio Militar Voluntario y afiliados al CONADIS.

12 agosto 2019

Sinfónica de Arequipa en Lima

Gran Teatro Nacional celebra el 479º aniversario de Arequipa con la gala “Carnaval". 
(Difusión) Concierto a cargo de la Orquesta Sinfónica de Arequipa, elenco que cumple 80  años de vida institucional, se realizará el miércoles 14 de agosto, a las 8:00 de la noche.
El Ministerio de Cultura rendirá un homenaje a Arequipa por su 479º aniversario de fundación presentando la gala “Carnaval”, este miércoles 14 de agosto, a las 8:00 de la noche, en el Gran Teatro Nacional. El concierto contará con la participación de la Orquesta Sinfónica de Arequipa, agrupación dirigida por el maestro Enrique Victoria Obando, que celebra también sus 80 años de creación.
Considerada como la primera compañía musical de la Ciudad Blanca y una de las más importantes del Perú, la Orquesta Sinfónica de Arequipa interpretará en Lima un repertorio que incluye Luz y Sombra de Luis Duncker Lavalle y las emblemáticas piezas Melgar y Carnaval de Arequipa del insigne compositor Benigno Ballón Farfán, además de la Sinfonía Nº 9 Op. 95 de Antonín Dvořák.
El 23 de mayo de 1939 se fundó la Asociación Orquestal de Arequipa, bajo la batuta de Armando Maristani Céspedes. El 4 de mayo de 1963 adquirió el nombre oficial de
Orquesta Sinfónica de Arequipa, administrada hoy por la Dirección Desconcentrada de Cultura de Arequipa. Entre sus principales directores figuran Aurelio Díaz Espinoza, Alexander Koseleff, Antón Rocco Guadagno, Mario La Canna, Francisco Ruso, Jorge Delgado, Manuel Castro Basulto, Augusto Vera Béjar, Víctor Rivadeneyra, Stephen Ellery, el coreano Siu Jan, Dante Valdez Ortiz, Zoila Vega Salvatierra, Javier Ramos y Pablo Sabat.
Sus producciones discográficas “Alma Arequipeña” y “Música Puneña” causaron un fuerte impacto en el público sureño al incluir un compilado de piezas sinfónicas clásicas, contemporáneas y tradicionales. La orquesta ha recibido importantes condecoraciones como la Medalla de la Cultura y ha tocado en escenarios de Moquegua, Puno y Tacna.
El director artístico, Enrique Felipe Victoria Obando, es hijo del célebre cantante lírico
Amilcar Victoria. Posee una licenciatura en “Música con concentración en violín performance” del Conservatorio de Puerto Rico y fue discípulo de Henry Hutchinson. Asimismo, hizo un posgrado en la Universidad de Nuevo México y maestrías en “Música con concentración en Dirección de Orquesta” y “Música con concentración en viola performance”.
Enrique Victoria ha participado con éxito en el Stony Brook Summer Music Festival, Killington Music Festival, Apple Hill Center of Chamber Music (USA), Festival of the Youth Orchestras of the Americas (Puerto Rico) y Festival Internazionale della Cultura (Italia). Del 2009 al 2015 integró la Orquesta de la Américas (YOA) realizando giras por Estados Unidos, Canadá, Sudamérica, Centroamérica, el Caribe, México y China.
Las entradas cuestan de 15 a 50 soles y están a la venta en Teleticket y la boletería del teatro. Descuento adicional del 50% para menores de 17 años, estudiantes universitarios y de institutos superiores, mayores de 60, docentes de instituciones educativas públicas, miembros del Servicio Militar Voluntario y afiliados al CONADIS.

07 agosto 2019

Attaca Quartet de vuelta en lima

El cuarteto integrado por Amy Schroeder, Alex Fortes, Nathan Schram y Andrew Yoo, se presentará este jueves en el Auditorio Santa Úrsula y el sábado 10 en la Pinacoteca del Monasterio de Santa Catalina en Arequipa. (Foto:SFL)

(Difusión) Elogiado por la revista The Strad como una agrupación “impresionante” y por poseer “una madurez musical muy por encima de la edad de sus integrantes”, el cuarteto celebra este año su 15ª temporada. Desde conciertos con entradas agotadas en el Carnegie Hall o Radio City Music en Nueva York, el Attacca celebra y comparte la belleza atemporal de este arte sublime de repertorio para cuarteto de cuerdas. Ganadores del Primer Premio del 7º Osaka International Chamber Music Competition, Listener´s Choice Awards, Primer Premio del Melbourne International Chamber Music Competition y ganadores del Gran Premio de la 60ª Colemann Chamber Ensemble Competition, el Attacca Quartet ha recibido el reconocimiento internacional de la prensa y el público, convirtiéndolos en una de las principales agrupaciones musicales jóvenes de los Estados Unidos. Ha sido Cuarteto Residente del Programa de Doctorado de la Juilliard School, Cuarteto Residente del Metropolitan Museum of Art, y Cuarteto Residente de la Texas State University.
Recientemente el conjunto completó The 6 un proyecto de seis años en Nueva York donde ejecutaron todos los cuartetos de Franz Josep Haydn. Actualmente están produciendo dos nuevos ciclos de conciertos en Nueva York: Recently Added en el teatro National Sawdust en Brooklyn donde ofrecen obras para cuarteto de compositores vivos, y Based on Beethoven, un proyecto que juxtapone todos los cuartetos de Beethoven y nuevas obras del ciclo Recently Added. Ha lanzado tres álbumes con Azica Records: Fellow Traveller: Cuartetos de cuerda de John Adams; Las últimas siete palabras de Cristo, de Franz Joseph Haydn (con arreglos de Andrew Yee, viola del cuarteto) y Songlines: Cuartetos de Michael Ippolito. Ha tocado en principales ciclos de conciertos a través de Norte América, América Latina, Asia y Europa. En 2014 tocaron con la Orquesta Nacional de España en el ciclo Carta Abierta a John Adams, bajo la batuta del compositor y ofrecieron un recital en el Auditorio Nacional de Música. Han tocado en principales ciclos de conciertos en España y regresan en 2018 para tocar con la Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Catalunya la obra Jest del compositor John Adams dirigida por él, ofrecen un recital en al Palau de la Música Catalá. Sus integrantes se conocieron en la Juilliard School. Actualmente, el cuarteto está conformado por Amy Schroeder y Alex Fortes en los violines, Nathan Schram en la viola y Andrew Yee en el violonchelo.
Las entradas están a la venta en Teleticket.
PROGRAMA

JOSEPH HAYDN
Cuarteto en re mayor op. 71 Nº 2
FELIX MENDELSSOHN
Cuarteto de cuerdas en la menor op. 13
LUDWIG VAN BEETHOVEN
Cuarteto de cuerdas Nº 12, en mi bemol mayor, op. 127

19 julio 2019

Zubin Mehta en Lima en gira de despedida

Foto: Oded Antman

(Difusión SFL) Del lunes 22 al miércoles 31 de julio la legendaria Orquesta Filarmónica de Israel desarrollará la gira de despedida del renombrado director de origen indio Zubin Mehta. Lima es el primer punto de la gira que comprende cuatro países: Perú, Colombia, Panamá y Argentina donde ofrecerá siete conciertos. El maestro de 83 años se despide así de la dirección musical de la Orquesta Filarmónica de Israel al cumplir cinco décadas al frente de esta prestigiosa agrupación.
Con este único concierto en Lima presentado por la Sociedad Filarmónica se inicia el Ciclo Sinfónico 2019 de nuestra institución en el Gran Teatro Nacional donde se presentarán en los siguientes meses la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile, la Orquesta Filarmónica de Eslovenia y Jordi Savall quien con su conjunto rendirá homenaje al 25 aniversario del filme francés “Tous les matins du monde” con música de: Jean-Baptiste Lully, Eustache du Caurroy, Monsieur de Sainte-Colombe, Marin Marais, François Couperin, Jean-Philippe Rameau, Monsieur de Machy y Jean-Baptiste Forqueray.
Zubin Mehta nació en 1936 en Bombay y creció en un ambiente musical por excelencia. Su padre, Mehli Mehta, fue un destacado violinista, fundador de la Orquesta Sinfónica de Bombay y director musical de la American Youth Symphony de Los Angeles. Tras un breve período de estudios en medicina en la India, decidió abandonarlo para asistir a la Academia de Música de Viena. Siete años después, ya estaba dirigiendo las orquestas filarmónicas de Viena y Berlín. Rápidamente se convirtió en uno de los directores de orquesta más solicitados, asumiendo cargos como Director Musical de la Orquesta Sinfónica de Montreal (1961-67), Orquesta Filarmónica de Los Angeles (1962-78), Orquesta Filarmónica de Nueva York (1978-91) y Bavarian State Opera (1998-2006). En 1969 fue designado Asesor Musical de la Orquesta Filarmónica de Israel y fue promovido a Director Musical de la orquesta en 1977. En 1981 esa institución le otorgó el título de Director Musical vitalicio.
Si consideramos conciertos, grabaciones y giras, Zubin Mehta ha dirigido a la Filarmónica de Israel en miles de presentaciones a lo largo de los cinco continentes. Desde 1985, ha sido también Director Principal de la Orquesta del Maggio Musicale Fiorentino de Italia, convirtiéndose en 2006 en  Director Honorario vitalicio.
Zubin Mehta ha recibido una infinidad de premios y distinciones, entre los que destacan el Premio Kennedy, el más alto honor otorgado por el gobierno de Estados Unidos anualmente a cinco artistas escénicos de diferentes disciplinas, por su contribución a las artes escénicas en la cultura estadounidense; el Tagore Award for Cultural Harmony de la India, la Medalla de la Distinción, otorgada por el presidente israelí Shimon Peres; el Praemium Imperiale otorgado por la Familia Imperial Japonesa;  Doctor Honorario de las universidades de Tel Aviv  y del Weizmann Institute. Es ciudadano honorario tanto de Florencia como de Tel Aviv y miembro honorario de la Ópera Estatal de Viena, la Ópera Estatal de Baviera y el Gesellschaft der Musikfreunde Wien. En 2006 se publicó en Alemania e Israel su autobiografía, Die Partitur meines Leben: Erinnerungen (The Score of my Life: Memories). Continúa apoyando el descubrimiento y la promoción de talentos musicales en todo el mundo. Junto con su hermano Zarin, co-preside de la Fundación de Música Mehli Mehta en Bombay, donde más de 200 niños se educan en música clásica occidental.
La Orquesta Filarmónica de Israel fue fundada en 1936 por el violinista Bronislaw Huberman, y su concierto inaugural, dirigido por Arturo Toscanini, se realizó el 26 de diciembre de 1936. Ofrece conciertos como parte de sus series de suscripción en Tel Aviv, Jerusalén y Haifa, así como en conciertos especiales y en varias series de conciertos en todo Israel. La orquesta recorre los centros culturales y festivales más prestigiosos del mundo. Los artistas creadores de Israel son promovidos a través de muchos estrenos de la orquesta de obras de compositores israelíes. La orquesta ha contribuido a la absorción de nuevos inmigrantes e incluye en sus filas a nuevos músicos inmigrantes. Asimismo, ha recibido a los mejores directores y solistas del mundo, así como a jóvenes talentos de Israel y de distintas partes del mundo. Como parte del KeyNote, el programa de educación y divulgación musical de la orquesta, los músicos de la orquesta se presentan en numerosas escuelas y ofrecen conciertos para alumnos en el auditorio Charles Bronfman en Tel AvivEn 1969, el Maestro Zubin Mehta fue nombrado Asesor Musical de la orquesta y en 1977 se convirtió en su Director Musical. Leonard Bernstein (1918-1990) fue nombrado Director Laureado, en 1988; en 1992, Kurt Masur (1927-2015) fue nombrado Director Honorario Invitado y, desde 2011, Gianandrea Noseda ha ocupado el cargo de Director Invitado Principal.
Guy Eshed, flautista principal de la Orquesta Filarmónica de Israel, ocupó la misma posición en la Orquesta Maggio Musicale Fiorentino, Berlin Staatskapelle, la Orquesta Sinfónica de la Radio Sueca y la Camerata de Manchester. También es flautista principal de la Orquesta West-Eastern Divan. Muy solicitado como músico de orquesta, ha tocado como flautista principal invitado de la Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera, la Filarmónica de Los Ángeles, la Orquesta de Cámara de Mahler, la Filarmónica de Londres, la Sinfónica de Bamberg, la Filarmónica de Rotterdam y la Orquesta de La Scala. Como solista, se ha presentado en Israel y Europa, incluyendo los festivales de Salzburgo y Lucerna. Guy Eshed es un entusiasta músico de cámara y, además de su trabajo y grabaciones como miembro fundador del Ensemble 360, ha participado en importantes festivales y ha tocado con prestigiosos artistas como Daniel Barenboim, Kirill Gerstein, Elena Bashkirova, Guy Braunstein y los Solistas Filarmónicos de Berlín. Ha grabado para la BBC, así como para la radio israelí, alemana y sueca, y ha lanzado cuatro discos. Ganador de las beca de la Fundación América-Israel, obtuvo una beca a la excelencia de la Fundación Töpfer, en Hamburgo.
Entradas para este y todos los conciertos de la Sociedad Filarmónica de Lima en  Teleticket de Wong y MetroTarifas especiales para estudiantes, docentes, adultos
PROGRAMA
LUDWIG VAN BEETHOVEN
Sinfonía Nº 6 en fa mayor, op. 68 “Sinfonía Pastoral“
CARL REINECKE
Concierto para flauta y orquesta en re mayor, op. 283
MAURICE RAVEL
La Valse

05 julio 2019

Al encuentro de músicos peruanos

SFL Difusión
(Difusión) Como parte de su ciclo “Al encuentro de músicos peruanos”, la Sociedad Filarmónica de Lima anuncia la presentación de la Orquesta de Cámara Nueva Lima Clásica, conformada por jóvenes músicos peruanos y extranjeros, bajo la dirección artística del violinista y director de orquesta holandés Marnix Willem Steffen. Este concierto se llevará a cabo el martes 9 de julio a las 7:45 p.m. en el Auditorio Santa Úrsula, y contará con la participación especial como solista del violinista Hugo Arias. 
La asociación Nueva Lima Clásica fue fundada en el 2014 para promover la música de cámara en Lima y servir de plataforma a jóvenes y experimentados músicos que radican en nuestro país. En 2017 recibió el reconocimiento especial de la Comunidad Andina por su programación de la música de cámara y el valioso aporte en su difusión.

Su director, el violinista holandés Marnix Willem Steffen, llegó a Lima en 2011 como nuevo Director Titular de la Orquesta Ciudad de los Reyes y director invitado de la Orquesta Sinfónica Nacional de Perú. Completó la Maestría en Música en el Conservatorio Superior de Música de Rotterdam (CODARTS). Inició su carrera como director tras ser galardonado en el famoso Concurso para Directores de Orquesta de Cadaquès, donde obtuvo recomendaciones especiales de Sir Neville Marriner.

Ha sido Director Titular de la Orquesta Sinfónica del Conservatorio Nacional de Música de Perú y ha trabajado como profesor en la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) y en el Colegio Peruano Alemán Alexander Von Humboldt. Actualmente es Director Artístico de la Orquesta Sinfónica de San Borja y de Nueva Lima Clásica.

Hugo Arias inició sus estudios con su padre, quien se desempeñó como primer violín de la Orquesta Sinfónica del Perú. Posteriormente, continuó en el Conservatorio Nacional de Música con los maestros Armando Guevara Ochoa y Juan Gonzales Madrid.

Viajó a Alemania a seguir estudios superiores con el prestigioso maestro Valery Klimov en la Escuela Superior de música de Saarbrukcen, dando muchos recitales por todo Alemania organizado por la Escuela Waldorf. Su impecable carrera lo llevó hacer solista en muchas orquestas de Latinoamérica, Europa, India y Singapur. Sin duda sus actuaciones más destacadas fueron con la Sinfónica del Valle, Filarmónica de Bogotá, Filarmónica de Lima, Filarmónica de Santiago de Chile y la Orquesta Sinfónica del Perú.
Orquesta de Cámara Nueva Lima Clásica
IX Concierto – Temporada de Abono
Martes 9 de julio, 7:45 p.m. 
Auditorio Santa Úrsula (Av. Santo Toribio 150, San Isidro)

Programa:
Félix Mendelssohn: Sinfonía Nº 10 en si menor
Johann Sebastian Bach: Concierto para violín y orquesta en re menor
Enric Morera: Andante Religioso
Edvard Grieg: Suite Holberg

Entradas: En Teleticket de Wong y MetroTarifas especiales para estudiantes, docentes, adultos mayores y adultos jóvenes.

12 junio 2019

Elïna Garanča por primera vez en Lima

Una de las estrellas mas importantes de la lírica de hoy llega por primera vez a Sudamérica y se presentará en Lima el 27 de junio. (© Gregory Hohenberg. DG).
(Difusión) TQ Producciones y la Universidad Alas Peruanas presentarán a la mezzosoprano ELÏNA GARANČA, una de las primeras figuras de la lírica mundial de hoy, que llega por primera vez a Lima para dar un concierto con las mas famosas arias de ópera, romanzas de zarzuela y canciones que la han consagrado como una de las artistas mas requeridas en los teatros mas importantes. 
Ella ha inaugurado la temporada de la Metropolitan Opera, y a sido estrella protagonista en Covent Garden en Londres, Ópera de Paris, Scala de Milán, Festival de Salzburgo, y las más prestigiosas salas, agotando localidades. 
Elīna Garanča nació en una familia musical en Riga, Letonia. Estudió en la Academia de Música de Letonia con su madre. Ganó la competencia de canto Mirjam Helin en 1999 y fue finalista en la competencia internacional “BBC Cardiff Singer of the World” en 2001. Garanča es una artista exclusiva de Deutsche Grammophon y desde entonces ha ganado 4 premios ECHO Klassik, el “Oscar” de la música clásica, como 'Cantante del año' en 2007, 'Vocalista del año' en 2010 y 'Grabación en solitario del año' en 2012 por su álbum “Romantique” y más recientemente en 2015 por el álbum “Meditation”. Su álbum mas reciente “Sol y Vida", se lanza en 2019 y contiene romanzas de zarzuela, canciones como “Gracias a la Vida” “El día que me quieras, “Brazil”, “Lela”, “Granada” y “La llorona”, y canciones napolitanas.
Entre otros papeles, es particularmente famosa por su interpretación de la ópera “Carmen” de Bizet, que ha cantado tanto en la Royal Opera House Covent Garden como en Metropolitan Opera con gran éxito; El NY Times la nombró la mejor Carmen en 25 años. Elïna Garanča participa regularmente en la Ópera Estatal de Viena, La Metropolitan Opera de Nueva York, Royal Opera House Covent Garden de Londres, Festival de Salzburgo, Festival de Baden-Baden, Ópera Estatal de Baviera de Múnich y la Deutsche Oper de Berlin y presentándose en conciertos, festivales y recitales, en los que llega a miles de personas, y través de transmisiones en vivo por televisión y cine alrededor del mundo.
 Garanča, aunque es letona, lleva en la sangre el alma latina y de la zarzuela, por lo que es una de las famosas intérpretes no españolas de este género. Su nuevo álbum está enfocado en música italiana y latinoamericana, con clásicos como “Granada”, “No puede ser”, “El día que me quieras”, "Brazil", "Gracias a la Vida", y canciones napolitanas, como "Core´ngrato", "Torna a Surriento", "Non ti Scordar Di Me", "Musica Proibita", y otras.
Su atractiva imagen y seductora voz hipnotizarán al espectador en una inolvidable presentación junto a la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil Bicentenario, y la dirección de CONSTANTINE ORBELIAN, el 27 de junio en el Gran Teatro Nacional. En este concierto, interpretará arias de las grandes óperas de su repertorio, como "Cavalleria Rusticana", "Adriana Lecouvreur", "Samson et Dalila", "Carmen", y romanzas de zarzuela. 
Las entradas están a la venta en Teleticket de Wong y Metro.

06 mayo 2019

Reivindicando a Rossini

El Festival Granda vuelve a poner en escena "El barbero de Sevilla", esta vez en una versión crítica del Festival de Pesaro, pocas veces vista en este hemisferio. (Fotos: Festival Granda)
Por Gonzalo Tello (Ópera Perú)
5/5 ⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️
El Festival Internacional de Ópera "Alejandro Granda" lleva doce años trayendo a nuestra ciudad títulos poco difundidos y con artistas de talla internacional. Muchas veces la falta de apoyo de auspiciadores e interés del público por descubrir títulos diferentes hace que estos proyectos sufran dificultades, por lo que es inevitable volver a los "clásicos" para garantizar un éxito en la taquilla.
Este parecería ser la nueva etapa del Festival, el que en los últimos años ha presentado títulos populares como "Traviata" "Tosca" y este año "El barbero de Sevilla". Sin embargo ahora podríamos hablar de un Festival Granda "reinventado" o que se conduce en otra dirección.
Que quiero decir con eso? En que el Festival depende básicamente de las labores de Ernesto Palacio, su director artístico. En su primera etapa, Ernesto era manager de las grandes estrellas de la lírica que llegaron a Lima para debutar roles que pronto harían en los grandes teatros. Esto nos dio gratas satisfacciones con óperas como "Rigoletto", "Attila", "Don Carlo", "Guillermo Tell", Romeo y Julieta", entre otras. Hoy que Palacio dirige el Festival de Ópera Rossini de Pesaro, y además la Academia Rossiniana, le permite traer al Festival ese trabajo que se realiza allí, con la dedicación y estudio sobre la obra del compositor que en 2018 cumplió 150 años de fallecido.
Es por eso que este año no solo vimos una obra popular y muy conocida, "El barbero de Sevilla", por primera vez en el Gran Teatro Nacional, sino que pudimos disfrutar de una versión "crítica", con todos sus cortes y con el mas detallado estilo que se presenta en el Festival de Pesaro. Por eso resulta novedoso e interesante escucharla en jóvenes cantantes que han estudiado este nuevo tratamiento del estilo.
A diferencia de la vez anterior en que el Festival presento "Barbiere" en Lima, en el Teatro Municipal en 2011, con estrellas como Ruggiero Raimondi y Juan Diego Flórez, esta versión llega en un momento en que el Festival encuentra madurez y permite, gracias a los recursos del GTN y artísticos locales, de lograr producciones con mayor calidad en todos sus aspectos.
Siempre he sido muy exigente en las producciones locales, y esta es una de las muy pocas en que todos los factores han dado resultados satisfactorios. Desde la puesta en escena de Lev Pugliese, que ha diferencia de su producción de "Tosca" basada en proyecciones, esta vez presenta una escenografía tradicional y con mucho detalle, de una Sevilla que por momentos parece "arábiga" por el detalle de sus escenarios, y el ambiente de "Harem" de la casa de Don Bartolo. La escenografía no solo lucía elegante y completa, sino que permitió, como pocas veces hemos visto, proyectar las voces de los cantantes de la mejor manera al público. La dirección escénica es correcta, aunque por momentos es algo agotador ver a los cantantes interpretar sus arias parados en el centro del escenario, eso mejora con los duos, trios y concertantes.
Los solistas no son las estrellas que solíamos ver en el Festival, pero si competentes cantantes del Festival que destacan en el estilo rossiniano a nivel internacional. 
Lo primero que uno percibe es la dinámica, ligereza y color en la música desde la obertura. La Orquesta Academia Sinfonía por el Perú, a cargo de Hugo Carrio y dirigida en esta producción por el mexicano Iván López Reynoso se consagra como la orquesta de ópera mas eficiente de nuestro país, con una musicalidad de alto nivel internacional, sonido parejo, cambios perfectos de tiempos, volúmenes y brillantez en el sonido. El estilo y versión de López Reynoso es de destacar con un estilo rossiniano exquisito. Cabe destacar el excelente desempeño entre orquesta y cantantes, especialmente en los difíciles concertantes de la ópera.

Impresionante la voz del joven tenor italiano Pietro Adaìni. Ágil coloratura, potencia estupenda y versatilidad escénica. Un gran Almaviva que brilló en todo momento. Cada agudo suyo partía en dos a la platea, y su versión del aria final "Cessa di piú resistere" fue infalible a todo nivel. El barítono Gurgen Baveyan, en el rol protagónico de Figaro, mostró estilo y frescura con una voz ligera, menos potente que la del resto pero mas "mozartiana" si la podemos llamar de alguna manera, algo así como los barítonos de los tiempos de Rossini habrían sonado, y no como los dramáticos a los que estamos acostumbrados en grabaciones y puestas tradicionales. Los aplausos en mi opinión se los lleva el barítono Pablo Ruiz como Bartolo, con mucho oficio, una voz potente, pastosa, directa, presencia heróica y sentido humorístico, algo que rompe nuestra percepción de su personaje, al que estábamos acostumbrados a ver como muy feo, casi deforme, muy viejo y malgeniado. Esta versión mucho mas sofisticada de Bartolo debería hacer dudar a Rosina por qué pretendiente decidir. La voz del bajo Marko Mimica, el cantante con mas trayectoria internacional del elenco, sonó poderosa y llenando el teatro de ida y vuelta. Su basilio, casi siempre llevado en silla de ruedas, era mucho mas discreto que el resto y dio cátedra con un canto perfecto. Ojalá podamos verlo por aquí en roles mas intensos como el de Wurm, Giorgio o Padre guardiano. La mezzosoprano Chiara Amarù posee una voz deslumbrante, mejor posicionada en los agudos que en los graves, pero con una coloratura estupenda y convincente interpretación, que hizo cómplice al público y se lo metió al bolsillo desde su entrada, con el aria "Una voce poco fa". Cabe destacar los adornos y colores que cada uno de ellos interpretó en esta versión de la ópera, muy fresca y ágil, y no hizo sentir sus casi tres horas de duración.
El reparto se completó con una adecuada versión de Bertha por la soprano venezolana Dorian Lefebre, una potente y destacada voz del barítono Paolo Campos y una discreta intervención del bajo Alfonso Orbegoso. 
Los pocos miembros que requiere esta ópera de oficiales de policía provinieron de las voces masculinas del Coro Nacional del Perú que dirige Javier Súnico. Ellos demostraron su gran oficio como uno de los mejores coros de Sudamérica con gran resultado musical.

Queda una función de este delicioso barbero que musicalmente es bien logrado y como puesta en escena nos trae la reivindicación mas exquisita de Rossini a Lima.
Mas información en www.festivalgranda.com 

25 abril 2019

Sociedad Filarmónica de Lima inicia temporada 2019


(Difusión) Este año la centenaria Sociedad Filarmónica de Lima inicia sus actividades con la tradicional Temporada de Abono en el Auditorio Santa Ursula privilegiando la música de cámara a través de solistas, dúos, tríos, cuartetos y ensembles. La Temporada de Abono se realizará del 27 de abril al 21 de noviembre en el Auditorio Santa Úrsula, consta de 19 conciertos y el primero está a cargo de la prestigiosa Venice Baroque Orchestra una de las más importantes orquestas de música barroca quien viene esta vez con el prestigioso violinista italiano Giuliano Carmignola como solista. En este escenario podremos apreciar también a Il Gardellino,  Kiev Virtuosi, Orchestre D’Auvergne, Ensemble Notturna, Orquesta Arte del Mundo y solistas como Avi Avital,  Domenico Codispoti, Pablo Amorós, Isabel Villanueva, François Dumont, entre otros.
Orquesta Barroca de Venecia
Reconocida como una de las mejores agrupaciones de música antigua. La VBO, fundada en 1997 por el clavecinista barroco Andrea Marçon, ha recibido los mejores elogios y críticas por sus conciertos a través de Europa, Norteamérica, Sudamérica, Japón, Corea, Taiwán y China; y es la orquesta barroca que ha actuado en más ciudades norteamericanas que cualquier otra formación de este género.
Comprometida con el redescubrimiento de obras maestras de los siglos XVII y XVIII, la VBO ha estrenado, bajo la dirección de Andrea Marçon,  versiones modernas de L’Orione (Cavalli), Atenaide Andromeda liberata (Vivaldi), La morte d’ Adone Il trionfo della poesia e della musica (Marcello) y La Clementina (Boccherini). En colaboración con el Teatro La Fenice de Venecia, han llevado a escena L’Olimpiade (Cimarosa), Siroe (Händel) y L’Olimpiade (Galuppi), y repitió Siroe en la Academia de Música de Brooklyn en Nueva York, en su primera puesta en escena en los Estados Unidos.
Lo más destacado de la temporada 2018 incluyó dos giras con el contratenor Franco Fagioli, con conciertos en Londres, Ljubljana, Versalles y Japón. La gira anual de la orquesta por los EEUU incluyó a la flautista Anna Fusek. Algunas de sus más recientes presentaciones se dieron en el Festival Enescu con la mezzosoprano Magdalena Kožená, con el arpista Xavier de Maistre y con el mandolinista Avi Avital.
La temporada 2016-17 incluyó presentaciones del oratorio Juditha triumphans de Vivaldi en el Carnegie Hall, el Centro Krannert de la Universidad de Illinois, el Barbican Centre de Londres y en el Palacio de Bellas Artes de Bruselas; además de actuaciones con la violinista Viktoria Mullova en Viena y Budapest; una gira por 18 ciudades de los Estados Unidos con el violinista Nicola Benedetti y finalmente una gira a Japón con Avi Avital.
Otros aspectos que  destacan en la trayectoria reciente de esta agrupación son las giras por Europa, Estados Unidos y Asia con el contratenor Philippe Jaroussky; conciertos con la contralto Marie-Nicole Lemieux en Francia y Bélgica; conciertos con Avi Avital en Italia, Croacia, Alemania, España, Francia, México, Estados Unidos y Canadá; actuaciones en la Frauenkirche de Dresde con la soprano Karina Gauvin; y una gira con la mezzosoprano Magdalena Kožená. En 2010, el VBO estrenó junto al violinista Robert McDuffie el concierto para violín Las cuatro estaciones americanas del compositor contemporáneo Philip Glass, realizando una gira por 28 ciudades de los Estados Unidos.
La orquesta cuenta con una extensa discografía en la que destacan los Conciertos de Vivaldi con Avi Avital para Deutsche Grammophon; las arias de Porpora con Philippe Jaroussky para el sello Erato, grabación que recibió una nominación al Grammy; y un pasticcio de L’Olimpiade de Metastasio para el sello Naïve, que fue galardonado con el premio Choc du Monde de la Musique.
Giuliano Carmignola
Este reconocido violinista italiano nació en Treviso y comenzó sus estudios con su padre, los continuó con Luigi Ferro y más tarde con Nathan Milstein y Franco Gulli en la Accademia Chigiana y con Henryk Szeryng en el prestigioso Conservatorio de Ginebra, Suiza.
Inició su carrera solista bajo la batuta de directores como Claudio Abbado, Eliahu Inbal, Peter Maag y Giuseppe Sinopoli y ha tocado en las salas de concierto más prestigiosas del mundo. Trabajó con directores como Umberto Benedetti Michelangeli, Daniele Gatti, Andrea Marcon, Christoph Hogwood, Trevor Pinnok, Franz Brüggen, Ivor Bolton, Richard Egarr, Giovanni Antonini y Ottavio Dantone.
Fue muy destacado su trabajo conjunto con I Virtuosi di Roma durante los años 70 y también con orquestas como Orchestra da camera di Mantova, Sonatori della gioiosa Marca, Orchestra Barocca di Venezia, Orchestra Mozart, Orchestre des Champs Elysées, Kammerorchester Basel, Il Giardino Armonico, Zürich Chamber Orchestra, Academy of Ancient Music, Orchestre de Chambre de Paris, Concerto Köln y Accademia Bizantina.
En los últimos años ha sido llamado a colaborar como director invitado en orquestas como Academy of Ancient Music, Helsingborg Symphony Orchestra, Orchestre de Chambre de Paris y más recientemente por la Klang Verwaltung Orchestra para dirigir la sinfonía Júpiter de Mozart en Alemania.
Ha grabado para varios sellos, entre ellos, Erato, Divox Antiqua, Sony y Deutsche Grammophon GmbH, con el cual actualmente tiene contrato exclusivo. Entre las últimas grabaciones se cuentan los conciertos integrales de Mozart con Claudio Abbado y la Orchestra Mozart (2008), los conciertos para violín de Haydn con la Orchestre des Champs Elysées (2012), Vivaldi con moto con la Accademia Bizantina dirigida por Ottavio Dantone (2013), Bach Violin Concertos con Concerto Köln (2015) y Vivaldi Concerti per due violini con Amandine Beyer y el Ensemble Gli Incogniti (HM 2016). Los dos últimos álbumes fueron premiados con el Diapason d'Or.
Recientemente grabó el disco Giardini, J. Ch. Bach - Concerti per violino e orchestra (Amadeus, 2016) con el joven ensamble Accademia dell' Annunciata, dirigido por Riccardo Doni, el cual recibió el Premio de Magazine Amadeus en 2017. Su último álbum J. S. Bach: Sonatas & Partitas BWV 1001-1006 (Deutsche Grammophon) fue lanzado en octubre de 2018.
Ha dictado cursos en la Accademia Musicale Chigiana de Siena y en la Hochschule de Lucerna. Le fueron otorgados los títulos “Academician of the Royal Philharmonic Academy of Bologna” y “Academician of Santa Cecilia”.
 Las entradas están a la venta en Teleticket de Wong y Metro.
PROGRAMA
VIVALDI: Sinfonía en do mayor para cuerdas y bajo continuo de "L'Olimpiade", RV 725
GALUPPI: Concierto a cuatro en re mayor para cuerdas y bajo continuo
MARCELLO: Sinfonía en sol mayor para cuerdas y bajo continuo
VIVALDI: Concierto para violín, cuerdas y bajo continuo en fa mayor "Per la solennitá di San Lorenzo", RV 286