20 diciembre 2011

Miguel Harth-Bedoya y Renée Fleming triunfan en reciente presentación en España

Tomado del diario El Norte de Castilla

Dicen los especialistas que el canto implica dos centenas de los 250 músculos que cubren el esqueleto humano. Renée Fleming empleó ayer todos ellos para montar al público del Auditorio Miguel Delibes en una montaña rusa de emociones, con recorrido por la ensoñación, el amor, subida al misticismo haendeliano, caída libre por la alegría mozartiana, parada en la nube de Franck o en el conmovedor lamento de Cilea y salida cómica con 'La Boheme'. La voz que resucita a Strauss desplegó un catálogo de obras con el que demostró su versatilidad y su buenhacer desde el barroco hasta la contemporaneidad. Nada parece resistírsele a la estadounidense.

La acompañaba en la exhibición un director con el que ya hizo una gira en 2010, Miguel Harth-Bedoya. El maestro dirigió con mimo y brío a la Orquesta Sinfónica de Castilla y León, que se puso al servicio de la diva. La obertura de 'La escuela del escándalo', de Barber, fue la pieza instrumental con la que comenzó el concierto. Harth-Bedoya es una batuta querida por los músicos de la OSCyL. Los hilos invisibles que mueven los brazos del director, tirando ora de los violines, ora de las trompas o la percusión, se acompañan en este caso de expresivos gestos con la cara y el cuerpo. Solo el frac calla en el porte del peruano, que llega a lanzar besos a los músicos para aprobar una interpretación. De Barber a Strauss, pasando por el cinematográfico Herrmann y sus 'Cumbres borrascosas'. Fleming declamó los sueños de Catherine Earnshaw y luego los deseos de Cleopatra. Pero fue con 'Arabella' con la que estranguló cualquier despiste del respetable. Había propina de Strauss para esta primera parte, 'Morgen', un lied cebo que bien podría traducirse en un programa monográfico de las 'Cuatro canciones finales' del alemán para la próxima temporada.

«Bravísima»

Las 'Variaciones' de Elgar abrieron el apetito musical y emocional de la segunda parte. Aquí la Fleming entusiasmó con su visita al barroco y el lucimiento que permite el 'Laudeamus te', de Mozart. Los vientos comandados por Diane Windsor extendieron la seda sonora para el 'Panis angelicus', de Franck, y los 'bravos' se desataron con el 'Poveri fiori', de Cilea. Fleming pasa de la emoción a la burla, de la tragedia a la comedia, con las arias de Mimi y Musette. El programa acababa con Puccini y una súplica llorada, su 'Vissi d'arte'. Propinas de 'Madame Butterfly', de Korngold y hasta el 'Ave Maria' schubertiano. «Brava, bravísima» la Fleming que firmó discos por cientos. Y 'bravísimo' Harth-Bedoya que cerró con un bis navideño un programa en el que todos los músicos fueron solistas. El Auditorio se llenó y hasta Tomás Villanueva sucumbió a la estadounidense.