La asociación Romanza, luego de "Cavalleria y Pagliacci" presentó su segundo programa de ópera con otro díptico, esta vez con dos obras de Giacomo Puccini: “Suor Angelica” y Gianni Schicchi”. Ambas obras, junto con “Il Tabarro” forman parte del famoso “Trittico” que el compositor italiano escribió inspirándose principalmente en “la divina comedia” de Dante Alighieri. Ambas obras desde el punto de vista musical son un par de joyas exquisitas, ya que no están tan expuestas ni manoseadas como sus otras óperas mucho más famosas, y contienen rasgos melódicos ricos en matices, color, inspiración y sentimiento. Puccini logra un nivel de composición que luego los grandes compositores del siglo XX llevarían mas allá, incluso llegando a la atonalidad.
La dirección escénica de este montaje recayó en esta oportunidad en Alejandro Chacón, director argentino con amplia experiencia en producciones en países sudamericanos. Su apuesta va por opciones minimalistas en ambos títulos. Si bien las épocas en ambas óperas son diferentes, la forma de la escenografía es la misma y en ambos casos se respeta fielmente el texto en la dirección escénica salvo las licencias en los vestuarios. Su dirección es correcta y destacada sobretodo en el difícil trabajo que acarrea “Gianni Schicchi”, en el que lo absurdo e irónico de la trama puede desbordarse si no se trabaja con cautela.
La orquesta dirigida por Espartaco Lavalle Terry da el toque íntimo a la obra. Si bien una orquesta con mayor cantidad de músicos le daría un sonido apoteósico al final de la obra, en este caso con menos músicos se logra un buen resultado en el foso del Teatro Segura. Eso sí, innecesaria la decisión de poner dos trompetas en uno de los balcones, pues distraen la acción en escena en su momento culminante.
En esta nueva apuesta bien cuidada de Chacón, vemos personajes tirados al absurdo, acorde con la ironía del texto y la música. Destaca el colorido vestuario, aunque no en todos los personajes. El barítono italiano Giuseppe Altomare da rienda suelta a su gran talento como un Schicchi versátil, como lo requiere el personaje. Sobre todo en su única aria “in testa capellina” que no es más que un breve retazo musical, vierte una contrastada interpretación a través de pianos, fortes, agudos, trinos y legatos impecables. Una delicia escucharlo en un rol que piensa interpretar en la Scala dentro de poco tiempo.
El tenor chileno Mauricio Miranda, quien hace su debut en nuestro teatro estuvo por debajo de lo que podemos esperar de Rinuccio, tradicionalmente reservado para tenores líricos, pero dignamente interpretado por los ligeros. Este rol exige una línea de canto natural que no debe sonar forzada. Este es un rol que pienso Miranda debe sacar inmediatamente de su repertorio, pues recordemos que incluso otro gran tenor ligero, Juan Diego Flórez, lo retiró en un momento. Caso contrario al de nuestra mezzosoprano Josefina Brivio, quien interpretando a Lauretta, un rol para soprano, le dio un color particular e interpretó con la profesionalidad y gran nivel que la caracteriza. Su “o mio babbino caro” fue cantado apresuradamente, al ritmo de la obra, más acorde con la intención teatral. El color de la voz le queda perfecto al personaje, y a Brivio no le cuesta mayor esfuerzo lograr los agudos que se requieren.
Este díptico cierra la temporada de ópera 2010 de Lima, una de las temporadas mejor logradas en varios años. Vale felicitar a Romanza por el esfuerzo puesto en estos 5 años de trabajo ininterrumpido para sacar adelante el género, aprovechando además la excelente coyuntura económica que vive el país. Vale decir también que todo esfuerzo debe superarse, y ahora que tengamos dos teatros mas a disposición, el Municipal y Nacional, vale la pena esforzarse el triple por ofrecer espectáculos dignos de una ciudad donde cada vez pasan mas cosas y donde es necesario cada vez sofisticarse mas, para incentivar el nivel cultural y estar a la par con nuestro actual crecimiento.







