04 marzo 2015

Cuándo aplaudir en un concierto y cuándo no


Por Gonzalo Tello (Ópera Perú)
Debido a las recientes muestras de entusiasmo producidas en el GTN y por la discusión generada al respecto, la cual ha sido muy positiva y aporta a todos, nuestro lector Lorenzo Neyra compartió en el Facebook de Ópera Perú este interesante artículo que nos da claras pistas de cómo comportarnos en un concierto de música clásica.
Muchas veces, ni en Perú u otros países, tenemos la oportunidad de conocer este protocolo antes de asistir a este tipo de conciertos. Como digo, la experiencia es única para los primerizos, y sin duda es una muy transformadora. Pero la experiencia no se limita a lo que pasa en el escenario, ya que el público es parte importante de esta experiencia, y su comportamiento también determina el fin de una gran velada.
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Este artículo fue escrito en 2010 por Cristina Martel y muestra claramente indicaciones que todos podemos seguir, si no lo hemos hecho ya, la próxima vez que vayamos a un concierto.
Para los músicos el aplauso efusivo al final de un concierto es muy placentero, pero no hay mejor forma de demostrarles nuestro respeto que con los silencios. El silencio es mucho mas poderoso que un aplauso ya que es signo de que nos hemos compenetrado y estamos en sinergia con la obra y su interpretación. Es algo tácito y complicado de explicar, pero allí está la magia de los conciertos.
Es cierto que actualmente se debate si se debe aplaudir o no entre movimientos. Lo ideal es que no, ya que esto hace que se pierda el hilo y la concentración de las obras ejecutadas.
Recuerdo hace poco, y fue debo decir la única vez que rompí el protocolo, durante el concierto de Lara St. John el año pasado cerrando en Ciclo Sinfónico de la Sociedad Filarmónica de Lima, cuando ella interpretaba el concierto no 2 para violín de Paganini. Ella lo interpretó con una gracia tal, y además incluyó durante la cadenza del primer movimiento pasajes improvisados del "Cóndor Pasa" peruano, como haciéndonos un guiño musical, que inevitablemente rompimos en aplausos, pero eso debido a una complicidad entre músicos y públicos, parte de esa magia de la que hablamos se da en salas de concierto. Hay casos excepcionales como estos que se dan producto de ese encanto tácito y comunicación sin palabras, solo en el mero lenguaje musical.
Los invito a leer el artículo a continuación: