22 marzo 2009

El Comercio estuvo en vivo con Juan Diego en "La Sonnambula" desde Nueva York


Aqui un articulo de El Comercio del sabado 21, donde Alberto Servat, editor de Luces, escribe sobre la produccion de Mary Zimmerman de "La Sonnambula" y entrevista al tenor sobre su perspectiva de la opera.

Juan Diego Flores desde Nueva York

Sonámbulos.

Por: Alberto Servat

NUEVA YORK. Los sentimientos que nos despierta la nueva producción de “La sonnambula” en el Metropolitan Opera House de Nueva York no pueden ser más encontrados. Por un lado tenemos uno de los mayores espectáculos musicales del momento y del otro una propuesta teatral fallida.

“La sonnambula”, de Vincenzo Bellini, es una delicada pieza de lucimiento para las voces más exigentes del bel canto. Se estrenó el 6 de marzo de 1831 en el teatro Carcano de Milán y desde entonces se convirtió en un vehículo para las grandes sopranos. De las muchas grabaciones que encontramos destacan las de María Callas y Joan Sutherland, y recientemente la de Natalie Dessay. Pese a sus diversos estilos, el punto común en todas ellas es la exaltación de la voz femenina. Al punto que los tenores que las acompañan difícilmente son recordados.

No sucede lo mismo en esta producción del Met. Apenas aparece Juan Diego Flórez ocurre un cambio inesperado en la tradición. El tenor se apodera de la ópera con su energía, prodigiosa voz y personalidad teatral.

Su coestrella es, justamente, la francesa Natalie Dessay —ambos trabajaron juntos en este mismo escenario en “La hija del regimiento”—, quien se las arregla en los momentos precisos para dejar en claro su protagonismo, aunque poco puede frente a la fuerza natural de Flórez.

El efecto musical no puede ser más grato. El público delira cada vez que el tenor peruano aparece en escena y los aplausos de admiración tras cada aria son impresionantes.

No podemos decir lo mismo de la propuesta escénica. Es cierto que es ingenioso convertir la historia de Amina, una ingenua doncella que es víctima de las intrigas debido a su sonambulismo, en una sátira sobre las compañías operísticas. Así, vemos a Natalie Dessay entrar a escena hablando por celular y vistiendo las ropas del ensayo. Como si en lugar de “La sonnambula” estuviéramos frente a su ensayo.

Lo que ha hecho la directora Mary Zimmermann al apostar por esta opción es enfatizar sus ideas personales sobre “La sonnambula”. Al parecer, considera demasiado tonto o ingenuo el libreto de Felice Romani. No le falta razón porque la ópera de Bellini, al igual que muchos otros títulos de su tiempo, son piezas de entretenimiento en las que el punto fuerte está en el bel canto. Pero Zimmermann comete el error de ridiculizar el libreto enfatizando sus puntos débiles y distanciando al espectador de las verdaderas emociones de sus personajes.

Su propuesta de ofrecernos el mundo interno de una compañía de ópera que está montando “La sonnambula” funciona durante el primer acto. Pero en el segundo, cuando las emociones llegan a sus momentos extremos, es totalmente inadecuado. ¿Son los cantantes de la compañía quienes sufren? ¿Se han transformado en los personajes que interpretan en la ópera? No hay manera de saberlo. Y en el desenlace, cuando todos aparecen vestidos como campesinos suizos, tal como demanda el libreto original, la sensación de burla adquiere mayor peso. Mary Zimmermann se ha equivocado en esta puesta en escena. Felizmente, están el talento de las voces involucradas —con Juan Diego Flórez y Natalie Dessay a la cabeza— y la contundente ejecución de la orquesta dirigida por el maestro Evelino Pido.


ENTREVISTAJuan Diego Flórez

Una producción diferente

Por: Alberto Servat

NUEVA YORK. La aclamación que noche a noche reciben Juan Diego Flórez y Natalie Dessay en el Metropolitan Opera House tiene poco que ver con el disgusto que causó la producción de Mary Zimmermann de “La sonnambula”. La tierna historia de amor de Elvino y Amina, separados por las intrigas y los convencionalismos de una sociedad atrapada en viejas tradiciones, sigue conmoviendo a la audiencias gracias a la magia de sus intérpretes.

Juan Diego aceptó conversar con nosotros sobre este nuevo capítulo de su carrera. La cita tiene lugar en el Café Fiorello, ubicado exactamente al frente del Met, y que es punto de reunión de cantantes, músicos y aficionados a la ópera. Pavarotti tenía un sitio reservado por siempre —ahora lo ocupa una placa con su nombre— y, al momento de iniciar esta entrevista, el tenor italiano Roberto Alagna abandonaba el lugar.

Ya ubicados en nuestro puesto, cerca de la ventana desde donde se divisa la tremenda banderola que anuncia “La sonnambula”, comenzamos esta conversación.

Esta es una temporada especial. No solo interpretas a Elvino en escena, sino que acaban de lanzar una nueva grabación de “La sonnambula”, en la que apareces con Cecilia Bartoli. Me imagino que es diferente aproximarse a la misma obra con diferentes compañeras. Así es. De hecho, cada compañera te influencia. Tanto en el canto como en la actuación. Claro, como con Cecilia se trata de un disco no teníamos las exigencias teatrales, pero sí las interpretativas. En esta ocasión, Cecilia aborda un repertorio que no es el suyo. Ajeno a su esencia. En cambio, Natalie ha interpretado varias veces a Amina. Es su tesitura, su esencia. Pero las dos son grandes intérpretes. Y con las dos haces música.

Tengo entendido que el álbum fue realizado con instrumentos de la época de Bellini. Esta grabación fue realizada con pinzas. Se usaron instrumentos de la época con una afinación más baja. Por lo que tuve que cantar con una afinación a la que no estaba acostumbrado y eso me molestó un poco porque son posiciones dentro de tu teclado personal. Entonces, cuando te bajan la afinación de esas notas, todo tu teclado confunde sus posiciones. Incluso llamaron a un director de orquesta barroco (Alessandro de Marchi). Fue una operación diferente. Pero tiene su encanto. Tiene su razón de ser. Tratar de rescatar el sonido de la época. Pero tampoco uno puede estar muy seguro de ello. Tenemos los instrumentos pero no tenemos a los instrumentistas de la época. No sabemos cómo tocaban ni qué nivel tenían. Pero es interesante escuchar esa sonoridad.

En cuanto a “La sonnambula” del Met, ¿te sientes más a gusto con ella? Es la que interpretamos habitualmente. Un poco más espontánea, aunque en esta oportunidad tiene el inconveniente de la producción. Que ha sido muy criticada por el público en la primera función.

Mary Zimmermann es una excelente directora. ¿Qué falla en esta puesta en escena? No es mi producción favorita. Tiene sus momentos interesantes, pero en conjunto es débil. La verdad es que el público protestó en el Met de una manera que nunca antes había visto. Es más, en ningún teatro he escuchado protestas tan fuertes contra la producción. Ni en los teatros más aguerridos.

Pero tienes a favor la compañía de Natalie Dessay, una de las sopranos más interesantes de estos días. Es una soprano que, además de cantar muy bien, es una gran actriz. Y expresa mucho. Siempre trata de encontrar una motivación detrás de cada frase y movimiento. Natalie se preocupa mucho por la actuación y es necesario porque la ópera es teatro. Digamos que hemos estado un poco cortados por la producción, pero hemos tratado de convencernos de que estamos a gusto. Es la mejor manera de seguir adelante.

En medio de la actual crisis económica el Met sigue adelante con sus planes. Y lo mejor de todo es que te incluye en ellos. Esta relación profesional debe haberte reportado muchas satisfacciones. Sí, cuando entró Peter Gelb —el nuevo gerente general de la compañía y principal artífice de su modernización— me dijo que quería tenerme todos los años con una nueva producción. Pero por el calendario no fue posible. Así que no participaré en la temporada del 2011. Y para el próximo año no podremos hacer una nueva producción, así que volveremos a hacer “La hija del regimiento”, también con Dessay. Pero el Met está bastante tocado por la crisis. El único espectáculo que está totalmente vendido es “La sonnambula”. Lo que pasa es que es un teatro muy grande y llenarlo es muy difícil.

“La sonnambula” se verá en Lima este sábado. Será transmitida al cine en vivo y en directo. ¿Qué opinas de llevar la ópera al cine? Me parece fantástico. Porque el cine es bastante accesible para los jóvenes. De manera que allí pueden tener el primer contacto con la música clásica. Digamos que así se ganan corazones, lo que es muy importante. La música clásica o la ópera no tienen nada que ver con la clase social o económica. Yo vengo de la música popular y al primer contacto me di cuenta de cuál era mi camino.