12 mayo 2009

"La Cenerentola" desde el Metropolitan Opera. 9 de mayo, 2009


La última de las transmisiones en alta definición de esta temporada dio lugar a una comedia, tan ligera y relajada como musicalmente complicada. “La Cenerentola” de Rossini es todo menos fácil. Se necesitan 7 solistas de primera calidad y capacidad no sólo para la coloratura, sino también para la actuación. Dependiendo de cada puesta en escena, esta producción de Cesare Lievi necesita mucho histrionismo por lo extremadamente amanerada y exagerada que es.  

El libreto de la ópera de Rossini no es un cuento de hadas. Es una historia ‘actualizada’ y adaptada también para un público adulto, que todavía funciona casi 200 años después. La madrastra de Cenicienta es en realidad su padrastro, el hada madrina es un hombre real, y la historia en sí es mas una comedia de enredos adultos que un sueño increíble. 

La escenografía es simple comparándola con producciones mas ‘tradicionales’, pero es funcional y cambia rápidamente según la escena y contribuye a la agilidad de la ópera. Incluso es descriptiva, como en el sueño de Don Magnifico, que describe a un asno volador, que realmente vemos volando en escena. Personalmente, aunque reconozco que es un escenario moderno y muy práctico, y cumple con el estilo de los noventa, años en que se estrenó, me resulta bastante falta de elementos y muy ‘plana’. 

Elīna Garanča es una ‘Cenerentola’ que tiene la voz y las notas, incluso la coloratura. Hemos escuchado voces graves como la suya haciendo este mismo papel, con grandes resultados. Ella misma ha dicho que le resulta incómoda la coloratura, y no va en su destino, así que dejará Rossini para ir en otra dirección. Sin embargo el problema no radica en la voz, sino en su pobre interpretación. Garanča es una cenicienta aburrida, incluso parece ‘amateur’. Si bien luce extremadamente bella, especialmente en su vestido de fiesta, una cara bonita no hace todo. La expresión y la gesticulación hacen todo en una comedia exagerada como esta y no vemos nada de esto en esta interpretación. Aquí es donde le damos razón a los que dicen que el Met prefiere rostros que voces. Lo mismo podría decir de las hermanas, Clorinda y Tisbe interpretadas por Rachelle Durkin y Patricia Risley, quienes de voz y actuación no se les puede criticar, pero que al escuchar solo el audio y no verlas, pasarían desapercibidas, pues su mayor gracia esta en todo menos en la voz. 

El resto del elenco fue uno de lujo. Me refiero a los hombres de la obra, empezando por el gran descubrimiento Lawrence Brownlee quien encarnó al príncipe Ramiro. Voz fresca, muy bella y segura tanto en las notas como en la coloratura misma, su interpretación es espectacular y justifica su gran éxito en Europa. Me atrevería a decir que es un digno sucesor de Juan Diego Flórez. 

Lo mejor fue el Don Magnifico de Alessandro Corbelli, el genio del repertorio cómico. El interpretó a Dandini en una época y ahora lo hace en este muy exigente papel. Segurísimo de su voz, y de una simpatía única, arrancó aplausos siempre antes del final de sus escenas. Gran capacidad histriónica, que no muchos cantantes pueden combinar con ese movimiento escénico suyo. 

Dandini fue Simone Alberghini, quien es una voz excelente y apabullante. Su interpretación teatral fue exagerada en buen término y muy ‘italiana’, ya que dejaba notar que era un experto en el papel y el repertorio. Seguro que lo es. 

Finalmente John Relyea como Alidoro no pudo estar mejor. Esa voz suya parece que dominara cualquier estilo, desde Wagner, Verdi, repertorio francés hasta comedia belcantista. 

El Coro masculino del Met estuvo correcto en su interpretación, sobretodo en los movimientos escénicos, que en esta producción son determinantes. Musicalmente siempre me restrinjo de profundizar, pues la perspectiva del cine es diferente a la del vivo. 

Maurizio Benini es un maestro en óperas Rossinianas. Su orquestación es más que correcta, es finísima. Nos entregó una versión que, pese a la falta de alma de algunos personajes, invita a redescubrir esta joya belcantista que en la técnica musical es tremendamente complicada y digna de atención.