23 agosto 2009

El Barbero de Sevilla desde La Arena di Verona

Foto: Ennevi / Fondazione Arena di Verona.

Por Giosetta Guerra

(Via Pro Opera)

Un elenco excepcional, justo para las grandes ocasiones cantó en la Arena la opera mas conocida y representada de Gioachino Rossini, Il Barbiere di Siviglia con la bella y original puesta escénica de Hugo de Ana, que además de la dirección escénica, se encargó de los vestuarios y la iluminación. Un laberinto verde de altos paneles, semicircular, movible, giratorio, corredizo, que se abría y cerraba cuando fue necesario; enormes rosas rojas con largos tallos sobre los paneles, crearon una ambiente estilo “Alicia en el país de las maravillas”, largas escaleras en las cuales se apoyaban los paneles, hicieron la doble función de permitir la fuga organizada al final de la historia y a los personajes salir y descender.

Un cuadro con la imagen de la barbería se situó a la entrada de Fígaro, figurantes en cada escena, siempre danzando y en movimiento no dejaron nunca vacios los espacios en los extremos del escenario. La dirección escénica tendió a representar y dar movimiento a la música de Rossini, personajes en vestuarios y pelucas del siglo 17 entraron al inicio de la obertura y se colocaron como estatuas a los lados del gran escenario, y después realizaron pasos de danza, además que algunos de estos figurantes intervinieron en el coro.

Es cierto que el Barbero representa una jornada de jocosidad organizada, pero el movimiento esta ya en la música rossiniana y nada debe distraer el ritmo o la verve que de ella emana, así, la función fue divertida y movida, con animación y gags de todo tipo. Bartolo figura central de la opera, autor y victima de los eventos que se desarrollan de manera jocosa, tuvo la comicidad de un artista del calibre de Bruno de Simone, un bufo serio, no obeso, que no rió pero hizo reír. En el plano vocal su esmalte fue intacto, la voz imponente, robusta, de bello color, amplia y rica de armónicos, navegando con destreza y clara dicción en el canto típico del bufo rossiniano.

Como Lindoro, el tenor Francesco Meli externó toda su confianza juvenil tanto en el gesto como en el canto. Buen belcantista y gran virtuoso, conoce el arte del canto y mostró suaves medios, y una voz reforzada con variaciones, agudo luminoso y bello color y peso vocal. Don Basilio, tuvo la inconfundible presencia y buena voz extensa y bien sostenida de Marco Vinco.

El barítono Dalibor Jenis delineó un Fígaro versátil y bailador, con excelente maestría escénica y voz de buen peso. Vestida como una rubia centelleante estuvo la Rosina de Annick Massis soprano de voz clara, ligera y luminosa, que ejecutó correctamente la virtuosa coloratura rossiniana, con variaciones y adornados y sostenidos agudos.

El coro de la Arena, preparado y guiado por Marco Faelli no solo interpretó eficazmente la acción pero con el canto se convirtió en coprotagonista con el marcado movimiento escénico. La Orquesta de la Arena, dirigida por Antonio Pirolli, estuvo por momentos discreta bajo las voces, pero hizo sentir por momentos una presencia autoritaria.