14 noviembre 2010

Estreno en Talca: una soberbia ópera de Mozart sobre los espejismos del amor


El Teatro di San Carlo de Nápoles lleva a Talca "Così fan tutte". La regie es la de Giorgio Strehler, gran artista escénico fallecido en 1997.

por Claudia Ramírez Hein

Muchos teatros en Europa se pueden preciar de su gran importancia como sede y de haber contado entre sus filas a grandes figuras, pero pocos pueden decir que tuvieron el privilegio de haber sido en su momento el más grande del mundo, el más prestigioso de Italia y el que recibió por primera vez la mayoría de los triunfos de Rossini. Sí, porque el edificio del San Carlo de Nápoles ostentó en el siglo XIX esos tres títulos. Y si bien la vorágine teatral lo delegó luego a otros planos (en Italia fue eclipsado por La Scala de Milán), hoy sigue teniendo una tradición que lo mantiene en la retina.

El valor intrínseco del lugar es imposible de obviar, pues esa inconfundible sala donde predominan el rojo y el dorado, que data de 1854, ha sido, desde Enrico Caruso, nicho de grandes voces. Y su orquesta, acompañante de otras tantas, además ha estado comandada por eximios directores. Hoy, como parte de un programa de reposicionamiento del coliseo lírico, la superintendenta del teatro, Rosanna Purchia, pretende que las giras internacionales no sean ocasionales, sino transformarlas en "una vitrina prestigiosa en el extranjero", como explicó recientemente a un medio italiano.

Junto con presentar las grandes obras del repertorio operístico universal y reponer piezas del Ottocento, en los últimos años la institución ha efectuado una intensa actividad en la recuperación de la ópera bufa del Settecento de la escuela napolitana. Justamente, es en esta nueva proyección explicada por Rosanna Purchia en la que se enmarca la gira por nuestro país, en un programa de viaje que ha mostrado la variada faceta del teatro (que ya se vio en su colaboración en las ruinas de Pompeya junto a artistas chilenos), pero centrándose siempre en torno a la lírica.

La revolucionaria mirada de Strehler para el 'Così'

Habiendo traído a Chile un programa que incluyó un paseo por la lírica italiana, el cual se presentó en Antofagasta, Santiago y Valparaíso, la compañía no podía dejar a un lado su pieza fuerte: una ópera integral, Così fan tutte (ossia la scuola degli amanti), del austríaco W.A. Mozart. La obra llega en dos funciones al Teatro Regional del Maule, en Talca, con parte del elenco que la estrenará en abril próximo en Nápoles y con la histórica regie del italiano Giorgio Strehler, muerto en 1997.

Siendo la última ópera en la que Mozart colaboró con el libretista Lorenzo da Ponte, la regie de Strehler fue también su legado póstumo. Se dice, por un lado, que su historia se inspiró en un hecho real ocurrido en Trieste en el siglo XVIII y, por otro, que no hubo modelo alguno: se trataría de ficción pura. Como sea, Da Ponte esta vez (a diferencia de lo que ocurre en otras producciones basadas en textos literarios suyos) aplicó más que nada la invención para la historia de dos parejas de enamorados (Fiordiligi-Guglielmo y Dorabella-Ferrando) que pelean, se intercambian, se engañan y se reconcilian, todo producto de un juego manipulado por el viejo Don Alfonso y en el que tiene un papel importante la sirvienta Despina, siempre lista para aconsejar, traicionar y recomponer. Se trata de una reflexión sobre los espejismos del amor y de un libreto que, dentro de la producción mozartiana, se distingue por su gran simetría y por la carga de ironía que deja caer sobre las relaciones personales. Este rasgo será vinculado después a las grandes composiciones instrumentales de Mozart y a sus óperas tardías más serias (Clemenza di Tito y La flauta mágica).

Aplaudida en su estreno y condenada luego por los románticos por sus inverosimilitudes, "Così fan tutte" fue descubierta en el siglo pasado como obra plena de ironía y pasó a ser un acto de fe en la irrealidad lírica. Se trata de una ópera milimétricamente jugada a sus equilibrios dramáticos y musicales, a los límites entre verdad y simulación, y a la creatividad de sus directores de orquesta y de escena. Es ahí donde entra la visión de Giorgio Strehler, artista imbatible, que nunca prescindió del hecho musical en sus creaciones operísticas y cuyo trabajo tuvo gran importancia aquí. Para él, Così fan tutte debía tener la levedad de un "aleteo" de pájaros.

La puesta en escena de hoy, si es coherente con la regie original de Strehler para el Teatro Piccolo de Milán, del que fue su fundador, debiera ser un alarde de movimiento. "Así como en la vida, nada está quieto -escribió Strehler-. La pareja es un hecho provisorio, siempre puede romperse. Las personas no son nunca definitivas, sí momentáneas. El Eros está siempre más allá de las conveniencias". Tal fue su concepción como director de escena y a esta percepción sumó una mirada de Nápoles (ciudad en que se desarrolla la trama), donde la naturaleza se contrapone con las sombras de la inestabilidad del amor, creando una atmósfera mórbida y sensual.

Son estas las ideas que presidirán la puesta del Teatro di San Carlo y que debería dejar estampadas en el escenario el elenco integrado por la joven soprano Sofía Soloviy (Fiordiligi), muy destacada en el último tiempo en este rol en Siena y en el Festival de Aix-en-Provence; la mezzo Marianna Pizzolato (Dorabella), que en Chile cantó con éxito La italiana en Argel el año pasado; el barítono Nicola Ulivieri (Guglielmo); el tenor Alexey Kudrya (Ferrando); la soprano Marilena Laurenza (Despina) y el bajo Alessandro Spina (Don Alfonso).

Con una partitura armoniosa y de gran belleza trágica, donde todo es agridulce, es el director Maurizio Benini, ya conocido por el público chileno por sus aplaudidos trabajos en el Teatro Municipal de Santiago, quien asume una vez más, la gran orquesta del San Carlo.