21 diciembre 2009

"Hoffmann" desde el Met: Sensualidad decadente


Por Gonzalo Tello
(Operaperu.com)

Hay tanto que decir sobre "Los Cuentos de Hoffmann": Su historia y argumento, concepción, ideas del autor sobre esta y muchas otras cosas, que es mejor concentrarse en la producción que vimos este sábado transmitida desde el Met al UVK Larcomar.

La nueva producción de Bartlett Sher que presenta esta temporada el Met ha recibido grandes elogios de crítica y publico, y es fácil entender el por qué. Como lo explican los realizadores, Bart Sher, Michael Yeargan y Catherine Suber, la idea de esta producción era hacer un Hoffmann ‘Kafkiano’ donde el protagonista alucina todas sus historias y lo que pasa alrededor suyo pero en su propia mente. Esto se explica en la aparición, ni bien se abre el telón durante el primer acto, de todos los personajes de las historias que se desarrollaran después.

Durante los tres actos, así como durante el prólogo y epílogo de la taberna predomina el escenario oscuro, y donde ningún elemento es muy brillante ni colorido. Los personajes y escenografía tienen referentes expresionistas y decadentes, como sacados del “Gabinete del Dr. Caligari”, hasta incluso de películas de Tim Burton. Predominan los estilos del siglo XIX y XX en vestuarios y elementos. La dirección escénica es muy dinámica, tanto que refleja un trabajo arduo y muy dedicado especialmente con el Coro y extras. También destaca la inclusión dobles coreografiados por Dou Dou Huang. Estos retratan cada momento de una forma más poética y le da mayor dinamismo a la obra.

La artista mas completa de este reparto fue sin duda la mezzo Kate Lindsey, en los roles de la Musa y Nicklausse. Gran voz oscura y perfectamente colocada, Lindsey fue soberbia en su interpretación de un Nicklausse siniestro que junto a los villanos, se encarga de sabotear a todos los amores de Hoffmann. La propuesta de Sher con este personaje es mucho mas dedicada que con la del mismo Hoffmann. Y Lindsey supo plasmar una gran presencia escénica que fue desde la comicidad hasta una figura imponente, llenando el espacio con una mirada penetrante. Prometedora carrera para esta mezzo que ya empieza a hacer roles importantes.

La soprano Kathleen Kim asume el papel de la muñeca Olimpia, difícil por la complicada coloratura y coreografía que debe realizar. Esta soprano posee claros sobreagudos y tal facilidad para la coloratura que el público la premió con gratos aplausos.
Anna Netrebko fue Antonia, la amante de Hoffmann que esta prohibida de cantar, pero por amor y recuerdo a su madre muerta, lo hace, ocasionándole esto la muerte. La soprano rusa destaco en su aria “Elle fui la tourterelle”, que interpreto con intención, la cual se intensifico en su dúo con Hoffmann, y mas aun en el terceto con Miracle y la voz de su madre, donde actúa con entrega firme.

La Mezzo Ekaterina Gubanova es una Giulietta correcta musicalmente, pero no tan destacada en su rol de cortesana. Su interpretación pasa desapercibida casi por completo.

Joseph Calleja, a sus 31 años, asume uno de los roles mas complicados para su cuerda, en que varios tenores rechazan por no sentirse lo suficientemente preparados. Pese a su corta edad, y estado vocal, ofreció un Hoffmann cautivador, correcto y sin muestras de cansancio alguno. Pese a que su vibrato no me gusta del todo, reconozco en el un tenor con buena técnica y virtudes que el publico halaga. Sin embargo, su actuación me deja pensando: ¿Es Hoffmann realmente un ebrio charlatán como estamos acostumbrados a verlo? ¿Por que no lo reconocemos como que realmente siente que es un perdedor en el amor? ¿Por que es difícil percibir sus emociones? Siento que Calleja no me ofreció lo que Sher quiso decirnos de este personaje.

James Levine asume esta partitura después de muchos años. El resultado es fantástico, como era de esperarse. Su lectura fue de la mano con la producción de Sher: Audaz, rápida, y predominando la actuación a la voz, como en el caso de los cuatro villanos, no le dio mucho espacio a Alan Held para un mayor lucimiento. En este caso la orquesta estuvo cohesionada perfectamente, ofreciendo por momentos autentica genialidad musical. Otro merito para destacar, es que Levine opta por insertar escenas que usualmente se omiten de la partitura por su dificultad, como el aria de Dapertutto “Scintille diamant” y el famoso sexteto “Mon Coeur s’egare encore”, brillante final del acto de Giulietta.