15 marzo 2010

Tenor José Carreras dio concierto en el Auditorio Nacional de Ciudad de México


Por Ramón Jacques

A pesar de que José Carreras se encuentra retirado del circuito operístico internacional, es imposible olvidar la gran aportación que tuvo, a lo a lo largo de su prolífica carrera, al mundo de la lírica que lo ha convertido en una leyenda viviente del canto. Por ello, su presencia continúa atrayendo tanto público a sus conciertos, como sucedió en el Auditorio Nacional de la ciudad de México.

Para este concierto se conformó un grato programa musical, no tan exigente desde el punto de vista vocal, que inició con la interpretación de cuatro canciones de compositores italianos, muy afines al gusto y al temperamento de Carreras, como: L’ultima canzone de Francesco Tosti, Pecchè de Francesco Pennino, Silenzio Cantatore de Gaetano Lama y Passione de Nicola Valente, y se incluyó una pieza mas cercana a su espíritu como la romanza catalana Rosó de Pel teu amor de Josep Ribas. En todas ellas exhibió buena dicción, ardor y emoción, y su inconfundible y distintivo timbre vocal. En el siguiente ciclo cantó deleitables obras en español, como: Lejana tierra mía y El día que me quieras de Carlos Gardel. Para adentrarse un poco en la zarzuela eligió la jota Ya mis horas felices de La del Soto del Parral de Soutullo y Vert, y selló la velada con su celebre y enardecida interpretación de Granada de Lara, que causó una tumultuosa ovación.

Notable estuvo la soprano navarra Sabina Puértolas, quien mostró una correcta línea vocal, con un timbre claro y cristalino, así como agilidad en el aria Je veux vivre de la opera Romeo y Julieta de Gounod; expresividad en Les filles du Cadix de Delibes, una gracia particular en Carceleras de Las hijas del Zebedeo de Chapí, y picardía en Me llaman la primorosa del Barbero de Sevilla de Giménez y Nieto. Al lado de Carreras, cantó de manera placentera, el Dúo y Jota del Dúo de la africana de Manuel Fernández Caballero.

La Orquesta Pro Arte creó un satisfactorio marco musical durante la velada bajo la exaltada, pero segura conducción de Enrique Ricci, y ejecutó en solitario, la Suite 2 de L’Arlesianne de Bizet, el Intermedio de la opera Pagliacci, y el intermedio de la Boda de Luis Alonso. Ante tanto entusiasmo, se ofrecieron cinco propinas resaltando: O mio babbino caro, Core’ngrato y el brindis de La Traviata de Verdi.