04 mayo 2013

Se inaugura un nuevo teatro en San Petersburgo: El Mariinsky II



(ABC.ES) El director general y artístico del Mariinsky, Valery Gergiev (Moscú, 1953), cumple hoy sesenta años. Una fecha señalada que será celebrada de una manera muy especial: la inauguración del nuevo teatro Mariinsky, en San Petersburgo, proyectado desde hace más de una década y que esta noche levanta el telón con una gran gala, presidida por Vladimir Putin, en la que participarán, entre otros, Olga Borodina, Plácido Domingo, Anna Netrebko, René Pape; las bailarinas Ulyana Lopatkina y Diana Vishneva, el director de orquesta y viola Yuri Bashmet y el violinista Leonidas Kavakos. Los festejos se prolongarán durante tres jornadas en las que se podrán disfrutar de ópera, ballet y música sinfónica en los tres escenarios que forman parte del complejo cultural Mariinsky, con vocación de convertirse en uno de los más importantes del mundo, que reúne ya dos teatros y un auditorio, inaugurado este último en 2006.
Vea en este enlace la Gala de Inauguración del Mariinsky II


codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=10,0,0,0"

id="playerArteLiveWeb" allowScriptAccess="always" 

width="450" height="255" >

width="450" height="255" allowFullScreen="true" name="playerArteLiveWeb" quality="high" allowScriptAccess="always" pluginspage="http://www.macromedia.com/go/getflashplayer" type="application/x-shockwave-flash">

 


Un paso hacia el futuro

El Mariinsky II, como se ha bautizado al nuevo edificio, es un paso adelante hacia la modernación y la incorporación de las nuevas tecnologías que permitirán ofrecer todo tipo de espectáculos: «No lo hemos construido porque lo necesitemos, ya que el teatro histórico es muy hermoso y tiene mucha tradición, sino porque en el siglo XXI, si quieres motivar a una ciudad de 5 millones, se necesitan proyectos ambiciosos como este. Lo queremos llenar de escolares y universitarios, sin cerrarle las puertas a los turistas», explicó Gergiev en su última visita a España.
Con una extensión de 79.114 metros cuadrados, que ocupa toda una manzana, el nuevo edificio se levanta junto al legendario teatro Mariinsky (están conectados por un puente peatonal situado sobre el canal Kryukov) que fue inaugurado en 1860 para albergar a la famosa compañía de ballet, a la que se añadió más tarde su prestigiosa compañía de ópera.

Cambio de arquitecto

El desarrollo de la obra -como le sucede a cualquier edificio que nace a la sombra de otro cargado de historia y tradición- no ha estado exento de problemas:retrasos, encarecimiento del presupuesto y polémica. Después de haber sido adjudicado el concurso para su construcción en 2003 al arquitecto francés Dominique Perrault, el proyecto, que apostaba por una línea futurista y una fachada con predominio de cristal (material poco idóneo para el severo clima ruso) levantó tales críticas que provocó su paralización en 2007, después de invertir en él varios millones de euros. Se abrió entonces un nuevo periodo de busqueda para encontrar a un nuevo equipo de arquitectos que asumieran el delicado encargo de rehacer el trabajo de Perrault. El reto recayó en el estudio canadiense Diamond Schmitt, responsables, entre otros edificios, del edificio que alberga la Compañía de Ópera de Toronto.

Incremento del presupuesto

Con un presupuesto inicial previsto de 295 millones de euros y una fecha de finalización marcada para 2011, el cambio de proyecto duplicó el gasto final (las cifras oficiales lo sitúan en 536 millones de euros), cantidad abonada íntegramente por el ministerio de cultura ruso; mientras que la fecha de su apertura se ha dilatado dos años, coincidiendo, casualidad o no, con la celebración de los 25 años de Gergiev al frente de la institución.
La nueva construcción, por su extensión y equipamiento, así como por la inversión económica, se convierte en uno de los teatros más importantes del mundo. Sus casi 80.000 metros cuadrados se distribuyen en diez plantas (siete sobre rasante) que albergan: la sala principal, con capacidad para 2.000 personas, distribuidas en tres niveles de balcones -y no cuatro, como es habitual-, con forma de herradura; con un foso de orquesta para 120 músicos, y una caja escénica dotada con uno de los equipamiento técnicos más vanguardista, que permitirá cambios de producciones sin límite. El teatro cuenta con salas de ensayos para la orquesta, la compañía de ópera y el ballet; así como espacios para proyectos pedagógicos. También incluye un anfiteatro -especialmente indicado para el festival «Noches blancas», que dirige Gergiev-, con capacidad para 200 personas, situado en la zotea. Una inmensa y espectacular escalera de caracol comunica los distintos niveles del edificio.

Clásico y moderno

En cuanto a la decoración, la austeridad exterior contrasta con los extensos y luminosos espacios interiores (desde los amplios ventanales se puede ver el legendario Teatro Mariinsky), con suelos de mármol, paredes revestidas con piedra Ónyx en color miel, y todo ello iluminado con lámparas Swarovski. La fachada, la parte más criticada por los ciudadanos de San Petersburgo -algunos la comparan con una piscina o un supermercado-, está revestida también de piedra Onyx, importada de Turquía, Macedonia e Irán. Material que para el arquitecto Jack Diamond define el impacto visual que se buscaba. «El ministerio de cultura nos dijo que quería un edificio clásico por fuera y moderno por dentro. El Mariinsky II representa una metáfora de la ciudad de San Petersburgo y de la historia de Rusia. Las paredes exteriores siguen la estética de su entorno, pero al igual que las cúpulas de las iglesias de la ciudad se destacan de las estructuras de alrededor, el ónix brillante le da al nuevo teatro un aspecto especial en el interior y un aire dramático y casi sagrado, propio de un palacio imperial ruso del pasado, en el exterior», ha declarado.

La acústica

Gergiev, quien seleccionó personalmente al equipo de arquitectos canadiense fascinado por el Four Seasons Centre de la Compañía de Ópera de Toronto, diseñado por Diamond Schmitt, se ha mostrado prudente ante las críticas, remitiendo a la conclusión del proyecto y a la prueba más decisiva para valorar el éxito: su acústica, que ha corrido a cargo de Müller BBN. Una prueba para la que el director de orquesta colocó a varios músicos de distintas secciones en diferentes puntos de la sala. Según ha explicado Diamond, el resultado fue tan positivo «que se le saltaron las lágrimas» al director del Mariinsky.